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sábado, 28 de febrero de 2015

Castro de Ulaca - Solosancho

El Castro de Ulaca es un yacimiento arqueológico de origen vetón, situado en Villaviciosa (Solosancho), en la provincia de Ávila (España).
Ulaca es el más grande de los castros vetones y cuenta con restos arqueológicos poco comunes como un altar y una sauna, construidos en granito. Se halla situado en un promontorio elevado, de difícil acceso desde el que se divisa todo el Valle de Amblés en la provincia de Ávila.
El altar de los sacrificios es una construcción a cielo abierto, realizada sobre grandes bloques graníticos que afloran en el sector noroeste.

El monumento, en buen estado de conservación, consta de una gran estancia rectangular tallada en granito, en uno de cuyos lados existe una gran peña en la que dos escaleras de 9 gradas, labradas también en la roca, conducen a una plataforma en la que se encuentran dos cavidades de forma más o menos circular y comunicadas entre sí. La más occidental de ellas vertía en una tercera que permitía a su vez que los líquidos derramados en las libaciones corrieran hacia la parte baja de la peña a través de un canal.
La Fragua-horno o sauna se localiza en el centro del yacimiento, a menos de 200 m de la estructura anterior. Está formada por una especie de semihipogeo, tallado parcialmente sobre un gran canchal granítico y por muros de piedra en la parte norte y acaso también en los lados este y oeste. Hace tiempo que se identificó como horno o fragua, pero recientemente le confieren un uso termal, comparándola con las saunas o pedras formosas de la cultura castreña del noroeste. Su sentido sería ritual, conectado con ceremonias iniciáticas guerreras sugeridas en algunas referencias clásicas.
El oppidum de Ulaca llega a las 60 hectáreas frente a las 15 ha del Castro de Cogotas y las 38 de la Castro de la Mesa de Miranda. Una superficie enorme, no toda destinada a habitación, pero que supone una aglomeración de primera magnitud, que debió de jugar el papel de centro comarcal,

En 1931, Ulaca se declara Conjunto Histórico-Artístico. En 1986 Bien de Interés Cultural (B.I.C), que es la máxima figura de protección que la ley otorga a un elemento histórico. En el año 1994 se delimita la Zona Arqueológica de Ulaca, amparada por la Ley de Patrimonio Histórico Español, quedando cualquier proyecto de restauración sujeto a lo que dicten las Comisiones Territoriales de Patrimonio Cultural.

viernes, 27 de febrero de 2015

Los vetones

Los vetones fueron el demónimo que los historiadores griegos y romanos emplearon sobre el conjunto de los pobladores prerromanos de cultura celta que habitaban un sector de la parte occidental de la península ibérica y que compartían un denominador más o menos común. 
Su asentamiento tuvo lugar entre los ríos Duero y Tajo, principalmente en el territorio de las actuales provincias españolas de Ávila y Salamanca, y en parte de las de Cáceres, Toledo y Zamora En la parte del oriente de Portugal también existen ejemplares de una de sus creaciones más características, los verracos de piedra.
En líneas generales los vetones limitaban con los pueblos vacceos al norte, con los astures al noroeste, al este con los carpetanos, al sur con los oretanos, túrdulos y célticos y al oeste con los lusitanos. Es posible que también entraran en límite con el territorio arévaco al noreste.
Su cultura se caracterizó por su carácter guerrero y ganadero. Las diferentes comunidades vetonas estaban dirigidas por una «estratocracia» que controlaba los recursos, en particular el ganado.
Construyeron asentamientos defensivos en zonas elevadas; algunos ejemplos que han llegado a nuestros días son los castros u oppida de Ulaca El Raso Sanchorreja, Las Cogotas o el de Mesa de Miranda.
El concepto Vetonia como ente etno-político es probablemente un producto posterior fruto de la nueva organización territorial de la Hispania romana que realizó Augusto en los últimos estertores del Siglo I a. C

(Wikipedia)

Castro de la Mesa de Miranda

La Mesa de Miranda, donde se emplaza el poblado fortificado del mismo nombre, es un extenso cerro amesetado y escarpado, ubicado estratégicamente en la confluencia de los ríos Matapeces y Rihondo, a 1145 m de altitud y 26 km al oeste de Ávila. Domina desde lo alto un extenso territorio, que limita al norte con las tierras llanas y agrícolas del valle del Duero, y al sur con las primeras estribaciones de la sierra de Ávila, un paisaje caracterizado por la aparición de grandes canchales graníticos y tierras de pastos, lo que ha servido para resaltar el carácter ganadero de las poblaciones de la Edad del Hierro asentadas en la zona.
Es uno de los grandes oppida vettones de la Meseta occidental. Fue descubierto en 1930 y excavado por Juan Cabré, su hija Encarnación Cabré y Antonio Molinero entre 1932 y 1945. Los trabajos arqueológicos se centraron fundamentalmente en la necrópolis, conocida vulgarmente como La Osera, famosa por su extensión -2230 sepulturas- y sus ajuares metálicos, con más de 5000 piezas recuperadas. Se localiza ésta en una gran explanada al sur de las puertas principales del asentamiento, a unos 350 m al exterior de la línea que forman las murallas del primer recinto y a unos 100 m del segundo.
Se trata de uno de los cementerios más grandes y mejor conocidos de la Segunda Edad del Hierro en la Península Ibérica. Fue excavado en su totalidad, aunque sólo se publicó una parte. Su trabajo permitió documentar algo más de 2.100 sepulturas realizadas en hoyo -muchas de ellas sin protección o protegidas por una pequeña laja de piedra- y 60 túmulos y encachados de piedra de distinto tamaño (entre 2 y 6 metros de diámetro) y forma (oval, circular, cuadrangular), que encerraban varias urnas. La cremación de los cuerpos era el ritual característico y se llevaba a cabo quemando en una pira el cadáver vestido con sus mejores galas, armas y adornos. Las cenizas y los restos de huesos y objetos que formaban el ajuar, eran recogidos entre los carbones de la pira funeraria y llevados al cementerio, donde eran depositados en una vasija de barro o directamente en el suelo, envueltos en una tela o tal vez en pequeños recipientes de material perecedero. En el interior de las vasijas, además de las cremaciones, se solían depositar pequeños objetos de adorno personal. En el caso de que estos objetos fueran armamento más complejo o grandes piezas, se colocaban entonces alrededor de la urna, a veces inutilizándolos con anterioridad al enterramiento

jueves, 26 de febrero de 2015

Los verracos

Una de las manifestaciones arqueológicas más llamativas durante la Segunda Edad del Hierro y los comienzos de la romanización, es la escultura zoomorfa en piedra, popularmente conocida como "verracos". Las especies que se representan son dos, toros y cerdos, pero cuando los detalles lo permiten también es posible diferenciar el jabalí.
Estas esculturas están talladas en bloques de granito donde se representa al animal de cuerpo entero así como el pedestal que lo sustenta. En general acusan un relativo esquematismo en las formas; en algunas ocasiones se observa la intención de querer indicar detalladamente las partes que constituyen la anatomía del animal, aunque lo habitual es que el escultor se limite a unas líneas básicas que permitan identificar la especie. La postura es siempre la misma, de pie y rigurosamente frontal. Sus dimensiones no son uniformes, desde ejemplares de menos de 1 metro hasta esculturas de más de 2,50 m. de longitud, y suelen presentar los órganos sexuales muy marcados, tratándose siempre de machos y nunca hembras.
Se distribuyen por el occidente de la Meseta, la mayor parte en las provincias de Zamora, Salamanca, Ávila, Segovia, Toledo, Cáceres y en las comarcas portuguesas de Trás-os-Montes y Beira Alta.
No es fácil precisar cuantos verracos completos y fragmentados existen o han existido, dando siempre por descontado la presencia de otros muchos ocultos en la tierra, destruidos de antiguo o incluso reutilizados. Algunos fueron recortados en la Edad Media para usarlos como sillares o piedras de relleno, bien visibles en las murallas de Ávila. Con todo, en los últimos años el catálogo se ha incrementado gracias a nuevos hallazgos y hoy el número rebasa los cuatrocientos ejemplares. Casi la mitad del corpus conocido procede de la provincia de Ávila, siendo la capital la que concentra el mayor número de ejemplares, unos cincuenta, y los Toros de Guisando (El Tiemblo) el conjunto más representativo.

Asentamiento de Tejada la Vieja - Escacena del Campo

Se encuentra ubicado en un cerro amesetado en el término municipal de Escacena del Campo (Huelva).
Descripción: asentamiento surgido en torno al siglo VIII a.C. en las cercanías de las explotaciones mineras de las Sierras de Tejada y Aznalcóllar. La actividad minero metalurgia de la plata, y el comercio de los productos minerales constituían la base de su economía (es seguramente la decadencia de estas actividades la que propicia su paulatino abandono en torno al siglo IV a.C.). Su emplazamiento en el paso que unía la campiña con las zonas mineras, propició su fortificación durante el siglo VII a.C., mediante una muralla de mampuestos, ataludada y jalonada por bastiones, de una longitud de más de un kilómetro y medio (aún se conservan paños de unos 4 m de altura).
El caserío, que se reparte en las 12 ha que comprende el poblado, se compone de viviendas compartimentadas en habitaciones rectangulares (dormitorio, cocina, almacén y actividades metalúrgicas) y paredes de mampuestos y tapial, inmersas en ínsulas irregulares, con plazas abiertas y calles.
El asentamiento se encuentra emplazado cerca de otro anterior, el de Peñalosa, donde las actividades principales eran las agropecuarias, con escasa o nula presencia de actividades relacionadas con la transformación mineral. Es por ello que se relaciona la aparición de Tejada la Vieja con la presencia del comercio fenicio en la Baja Andalucía.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Cueva de El Castillo - Puente Viesgo

La cueva de El Castillo es un yacimiento arqueológico encuadrado dentro del complejo Cuevas del Monte Castillo, y está situada en Puente Viesgo (Cantabria). Está incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde julio de 2008, dentro del sitio «Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del Norte de España»
La cueva fue descubierta en el año 1903 por H. Alcalde del Río, uno de los pioneros en el estudio de las primeras manifestaciones rupestres de Cantabria. La excavación la comenzaron H. Obermaier y P. Werhet de 1910 hasta 1914. Fue financiada por el príncipe Alberto I de Mónaco. Antaño la entrada de la cueva era de menor tamaño que en la actualidad, ya que fue ampliada con las primeras excavaciones arqueológicas del vestíbulo. Las evidencias recogidas en el nivel 18 del yacimiento arqueológico parecen demostrar la convivencia de ambos Homo hace unos 30 000 años, milenios antes de las primeras pinturas de la propia cueva y de Altamira.
A través de la citada entrada se accede a las diferentes salas en las que se ha encontrado una larguísima secuencia, desde el Paleolítico Inferior hasta la Edad del Bronce, con una estratigrafía que abarcaría nada menos que 120.000 años. En ella se han encontrado más de 150 figuras que ya están catalogadas, entre las que destacan los grabados de varias ciervas con acabados rayados a modo de sombreado

El origen de los iberos

A pesar de que los pueblos iberos compartían ciertas características comunes, no eran un grupo étnico homogéneo ya que divergían en muchos aspectos. No se sabe detalladamente el origen de los iberos, aunque hay varias teorías que intentan establecerlos:

 Una hipótesis sugiere que llegaron a la península ibérica en el periodo Neolítico, y su llegada se data desde el quinto milenio antes de Cristo al tercer milenio antes de Cristo. La mayoría de los estudiosos que adoptan esta teoría se apoyan en evidencias arqueológicas, antropológicas y genéticas estimando que los iberos procedían de las regiones mediterráneas situadas más al este.
 Otros estudiosos han sugerido que pueden tener su origen en el norte de África, aunque se trata de una hipótesis discutida. Los iberos inicialmente se habrían asentado a lo largo de la costa oriental de España y, posiblemente, más adelante se propagaron por parte de la península ibérica.

 Otra hipótesis alternativa afirma que formaban parte de los habitantes originales de Europa occidental y eran los creadores/herederos de la gran cultura megalítica que surge en toda esta zona, posiblemente, una teoría respaldada por estudios genéticos. Los iberos serían similares a las poblaciones celtas del primer milenio antes de Cristo de Irlanda, Gran Bretaña y Francia. Posteriormente (según la interpretación más tradicional), los celtas cruzarían los Pirineos en dos grandes migraciones: en el IX y el VII siglo a. C. Los celtas se establecieron en su mayor parte al norte del río Duero y el río Ebro, donde se mezclaron con los iberos para conformar el grupo llamado celtíbero.
Los supuestos límites máximos de la expansión íbera habrían llegado desde el mediodía francés hasta el Algarve portugués y el norte de la costa africana.
Sin embargo, con posterioridad, los pueblos celtíberos ejercieron influencia sobre otros pueblos del interior de la península. Esta influencia se aprecia en la llegada del torno de alfarero a muchas zonas de la meseta norte de la península, sobre todo a los pueblos limítrofes del valle del Ebro, e incluso a algunos más alejados como arévacos, pelendones o vacceos.

Los iberos fueron, en definitiva, los diferentes pueblos que evolucionan desde diferentes culturas precedentes hacia una serie de estructuras proto-estatales, viéndose ayudados en dicha evolución por la influencia de fenicios, primero, y luego de griegos y púnicos, que traerán consigo elementos de lujo que ayudarán, como bienes de prestigio, a la diferenciación interna de los diversos grupos sociales.
La lengua ibera es una lengua paleohispánica que está documentada por escrito. Los textos en lengua ibera se saben leer razonablemente bien, pero en su mayor parte son incomprensibles, puesto que la lengua íbera es una lengua sin parientes suficientemente cercanos que sean útiles para la traducción de textos.

 

martes, 24 de febrero de 2015

La llegada de los Celtas

Llegaron a la Península antes que los griegos y, en contacto con los íberos, desarrollaron una original fusión cultural. Belicosos y exquisitos artesanos, los celtas renacen hoy de sus cenizas gracias a una ambiciosa exposición en la ciudad de Ávila, que fuera uno de sus míticos reinos antes de la invasión romana.
Los celtas suscitan cada vez mayor interés, en especial los que habitaron el territorio de la Península en la Antigüedad. Procedentes de las estepas asiáticas, pusieron hace 5.000 años uno de los puntales de la identidad peninsular con que se encontraron griegos y romanos a su llegada a Iberia. Pero es el misterio de su origen y su marcada personalidad, reflejada en tradiciones de folclore y en leyendas medievales, lo que suscita mayor atracción.
Celtiberia, una cultura autóctona
Alejada de las corrientes continentales por su situación periférica y sometida a la influencia ibera, la cultura celta desarrolló formas autóctonas en la Península, con un arte que es consecuencia de la fusión de las tradiciones ibérica, helenística, romana y de La Téne.

El país de los verracos
Bautizado por los clásicos como Vettonia, el territorio que hoy ocupan Ávila, Salamanca y parte de Zamora, Cáceres y Toledo estaba ocupado por un pueblo ganadero, que dejó cientos de esculturas de cerdos y toros.

Resistencia a Roma
Dos siglos tardó Roma en dominar militar y culturalmente a los pueblos celtas de la Península, más resistentes a la asimilación que el mundo íbero.

Los pueblos preibéricos

Los Millares - Almería
Preibero o preibérico es la denominación historiográfica del sustrato cultural de la península ibérica anterior a la formación del complejo fenómeno de la cultura ibérica en las zonas meridional y oriental de ésta.
Cronológicamente correspondería al II milenio a. C., durante las primeras fases de la Edad de los Metales: el Calcolítico (cultura de Los Millares, vaso campaniforme, megalitismo) y especialmente, el Bronce (El Argar, Las Motillas).
A la Edad del Hierro (comienzos del I milenio a. C.) corresponde la formación de lo ibérico junto con otros entornos culturales de definición igualmente problemática, como Tartessos, ya en un entorno protohistórico en el que la influencia de los pueblos colonizadores del Mediterráneo oriental fue decisiva, mientras que el centro, norte y oeste de la Península entraba en el ámbito cultural celta.

Dólmen de Axeitos - Ribeira

En el extremo suroeste de la provincia de A Coruña, el municipio de Ribeira alberga no solo un litoral de excepcional belleza, sinó también una joya de piedra. Es el dolmen de Axeitos, uno de los más antiguos, más grandes y mejor conservados de Galicia. Declarado Bien de Interés Cultural, es uno de los más hermosos monumentos megalíticos del tercer milenio antes de Cristo en el noroeste peninsular, impresionante por sus grandes dimensiones.
Popularmente llamado Pedra da Moura (o do Mouro), se encuentra situado en una zona verde totalmente cercada, con jardines, viejos carballos, bancos y mesas para disfrutar de una jornada de ocio en la zona.
Su tamaño lo dice casi todo: más de dos metros de altura y 2,3 metros de longitud en la cámara por tres metros de lado a lado. Se trata de una estructura de siete piedras que sostiene la gran laja de la cubierta con un corredor en la entrada a la cámara. Dado su carácter funerario como lugar de enterramientos, dicen los historiadores que el dolmen de Axeitos acogió los restos de los personajes más importantes de su época. Originariamente el monumento estaría cubierto por tierra, lo que le daría un aspecto de cueva. Hoy es, junto al de Dombate, y otros de la geografía gallega, uno de los grandes monumentos del megalitismo del noroeste.
El dolmen está muy cerca de Corrubedo y del parque natural, que engloba las dunas y el centro de interpretación. Desde miradores como el de A Pedra da Rá se obtienen inmejorables vistas del entorno.

(El Faro de Vigo)

lunes, 23 de febrero de 2015

Cueva de Altamira - Santillana de Mar

Sin duda la cueva con arte rupestre paleolítico más importante de España y una de las más relevantes en todo el mundo. De todos son conocidas las magníficas pinturas de bisontes, ciervos, caballos...  Se ha llegando a denominarla como la “Capilla Sixtina de la pintura rupestre”.  
Es una cueva de unos 310 metros de longitud, con una entrada por la que se accede a un "vestíbulo" que comunica por su lado izquierdo y al fondo con una sala con el gran panel de los policromos. 
La galería continúa con muchas y diferentes representaciones gráficas, hasta desembocar en una amplia sala denominada “La Hoya”, que se abre a una nueva galería muy estrecha llamada "Cola de Caballo"
Con las continuas investigaciones, y en su tiempo, visitas, la cueva ha sufrido una degradación, no solo en sus pinturas, también en su estructura, por lo que actualmente hay numerosas restauraciones  en curso para asegurar su conservación.

domingo, 22 de febrero de 2015

Los Megalitos de Baleares

En las Islas Baleares se desarrolló un caso muy particular durante la Edad de Bronce, la cultura de los talayots, taulas y navetas
Los talayots son torres de planta cuadrada o circular, con función militar defensiva. Pueden encontrase aislados o anexos al amurallamiento de un poblado. Entre los mejores conservados se encuentra el de Torelló en Mahón (Menorca).
La taula es una gran losa apoyada en otra en forma de "T". Se denomina así por su forma de mesa. Su función debió ser ceremonial, aunque también se ha sugerido su carácter funerario ya que podrían haberse utilizado para la exposición de cadáveres con la finalidad de que fueran descarnados por las aves. Éste era un ritual seguido por algunos pueblos. Destaca la de Torralba d'en Salert en Alayor (Menorca).
Por último, las navetas, deben el nombre a su forma de nave o barco invertido. Tienen planta rectangular pero presentan un ábside semicircular en el lado menor opuesto al de la entrada. Sirvieron de sepulcro colectivo, formado por un pasillo que desemboca en una o dos cámaras superpuestas. Un ejemplo es la naveta dels Tudons en Ciudadela (Menorca).

(ArteEspaña)

Tipos de construcciones megalíticas

Los tipos básicos son el dolmen y el menhir.
La palabra menhir proviene del bretón, significa piedra larga. Consiste en una única piedra clavada en el suelo verticalmente y su finalidad es la de fijar el alma de los muertos. En algunas ocasiones están agrupados en hilera, se les denomina entonces, alineamiento, o también pueden presentarse formando círculos, constituyendo un crómlech.
Más complejo que el menhir es el dolmen, término que también procede del bretón y que significa mesa de piedra. Está formado por varias losas en posición vertical, clavadas en la tierra, sobre las que se apoya una losa colocada horizontalmente. A veces se recubren con tierra formando un túmulo. Predominan en la zona norte peninsular, desde Cantabria hasta los Pirineos catalanes.
Un crómlech o crónlech es un monumento megalítico formado por piedras o menhires introducidos en el suelo y que adoptan una forma circular o elíptica, cercando un terreno. Está difundido por Gran Bretaña y por la Bretaña francesa, así como en la península ibérica, Dinamarca y Suecia.
En castellano también reciben los nombres compuestos de círculo de piedras, anillos de piedras o círculo megalítico.
La palabra cromlech en inglés es usada para los dólmenes y no para los círculos de piedra. En francés se le da el mismo uso que en español

(ArteEspaña)

Aparecen los megalitos

Durante el Neolítico, con la aparición de la agricultura y la ganadería, actividades fundamentales para la evolución, la vida se hace sedentaria y se habita en comunidades. Esto supone el desarrollo de la arquitectura, ya que se pasa de la protección de las cavernas a la vida al aire libre. Las viviendas no han llegado hasta nuestros días, pero sí las obras de tipo funerario, denominadas construcciones megalíticas.
El término megalitismo procede de las palabras griegas mega, (grande) y lithos, (piedra). Se denomina así al fenómeno cultural localizado en el Mediterráneo occidental y la Europa atlántica, que tuvo lugar desde finales del Neolítico hasta la Edad del Bronce y que se caracteriza por la realización de construcciones arquitectónicas con función funeraria mediante grandes bloques de piedra llamados megalitos. Eran utilizados para enterramientos colectivos.

(ArteEspaña)