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miércoles, 17 de mayo de 2017

Suesetanos

Pueblo celta establecido en las llanuras centrales de Aragón. Ocupaban la reglón que actualmente se corresponde básicamente con la comarca zaragozana de las Cinco Villas. Su límite oriental más probable fue el río Gallego. Su nombre parece aludir a la raíz indoeuropea svasti, con el significado de "tener suerte", el mismo significado que se esconde tras la palabra esvástica.
«Podría pensarse que el nombre Suessetani es indoeuropeo, puesto que se parece a la ciudad carista de Suestatium, a los Suess(i)ones de Galla Bélgica que yo quería relacionar con "sweks- 'seis', pero también con las arcaicas Suessa Aurunca (hoy Sezza) en el Lacio y Suessa Pometia, también en el Lacio.» [Antonio Tovar]
A comienzos del siglo II a. C. se cree que eran aliados de Roma, pero después se sublevaron. Tras su derrota en el 184 a. C, su territorio fue entregado a los vascones, que aparecerán más tarde como sus poseedores.

Tosal de San Miguel

Tosal de San Miguel (en valenciano Tossal de Sant Miquel) es el nombre que recibe el yacimiento arqueológico situado en el solar de la antigua ciudad ibérica de Edeta o Leiria, capital de la Edetania. Se situaba en un alargado montículo de 200 msnm de altura media a unos 500 m del actual núcleo histórico de Liria (Valencia, España). Sertorio la destruyó en el año 76 a.C., razón por la que la población se reinstaló en el valle formando una nueva ciudad de estilo plenamente romano que tuvo su esplendor en los siglos I y II y que fue, según Plinio el Viejo un municipium de derecho latino.
Está catalogado como Bien de interés cultural de la provincia de Valencia, con número de anotación ministerial: R-I-55-0000360, y fecha de anotación 5 de julio de 1994, con la denominación de Poblado Ibérico Cerro San Miguel.

Historia
El emplazamiento es muy estratégico, ya que domina una gran zona de la llanura valenciana, y fue ocupado por primera vez ya en la Edad del Bronce. En tiempos ibéricos todo el cerro y sus laderas fueron solar de una gran ciudad, identificada con Edeta, capital de la Edetania que, según Claudio Ptolomeo, fue conocida también con el nombre de Leiria. Su trazado urbanístico es propio de los poblados en falda, en el que las edificaciones se disponen adosadas a la pared rocosa, a lo largo de terrazas artificiales. La estructura del poblado, que sigue las curvas de nivel (escalones de 10 a 15 metros), le da un aspecto escalonado. Esto se ve reforzado por la estructura de las casas -empotradas a la roca-, con tejado plano y acceso desde los dos niveles de calle.
Territorio bajo el control de Edeta durante el período Ibérico Pleno, según Bernabeu, Bonet y Mata.
Las primeras investigaciones profesionales las llevó a cabo el Servicio de Investigación Prehistórica de la Diputación de Valencia en 1933. En diversas campañas se pusieron al descubierto 131 habitaciones, diversas escaleras, callejas, etc. así como un extraordinario conjunto de vasos cerámicos decorados con escenas pintadas sobre danza, tauromaquia, naumaquia y pesca, entre otros. Se hallaron también numerosos letreros en idioma ibero, monedas, objetos de adorno y armas. El poblamiento del cerro se interrumpe el año 76 a.C. tras la destrucción de Sertorio, momento en que se comienza a construir la ciudad de la llanura.

La sociedad edetana
Las escenas pintadas en la cerámica hallada en el tosal, dispuestas en friso y siempre con representación de varios personajes, representan actividades muy concretas de un sector de la sociedad: la aristocracia. Muestan un mundo lúdico, como la cacería, y el mundo militar, la guerra, los duelos y los juegos competitivos que reflejan la importancia del caballero. Las damas entronizadas, las procesiones y las danzas muestran el carácter festivo y religioso de aquellas ceremonias colectivas donde siempre participan mujeres que, por sus atuendos y atributos, representan damas de alto rango.
Así pues, la cerámica muestra la clase privilegiada del contexto urbano de Edeta entre finales del siglo III a.C. y principios del siglo II a.C., inmortalizada por los artesanos y artistas especializados que trabajaban a su servicio y que, como el campesinado, no aparecen reflejados en la iconografía.

Hallazgos
La gran mayoría de los materiales hallados en los yacimientos se exponen en el Museo de Prehistoria de Valencia, aunque una pequeña parte se expone en el MALL (Museo Arqueológico de Liria).

(Wikipedia)

sábado, 13 de mayo de 2017

Culchas

Culchas (ca. 204-194 a.C).
Rey del antiguo pueblo prerromano de los túrdulos (ca 204-194 a.C). Las fuentes de los siglos VI-V a.C. llamaron tartessios a los pueblos del sur peninsular; más adelante se les denominó túrdulos o turdetanos. Para los autores actuales el término túrdulo designaría a la población que habitó en la zona sudoeste desde el siglo V a.C. hasta la conquista romana, de lo que resulta que los tartessios serían la fase anterior de poblamiento en la misma región. Estrabón situó a la turdetania en el valle del Guadalquivir, limitando con los carpetanos y bastetanos. Dentro de aquel territorio habitaron otros pueblos de carácter menor como los olbisios, cilbicenos, igletes o etmaneos.
Los túrdulos fueron el pueblo de mayor importancia y extensión de Iberia gracias a la herencia cultural y política recibida de Tartessos. La monarquía continuó siendo la forma de gobierno entre los turdetanos. Según Julio Caro Baroja la idea de monarquía era innata a los pueblos iberos ya que relacionaba a la realeza con los episodios bélicos, con lo que los monarcas resultaron vitales para la supervivencia del grupo, sobre todo en una época de numerosos y frecuentes enfrentamientos. Los datos acerca del carácter de la monarquía turdetana provienen de los hallazgos de monedas, excavaciones arqueológicas y sobre todo, al testimonio de los autores clásicos como Estrabón, Tito Livio o Polibio.
Más que de verdaderos reyes debe hablarse de reyezuelos o caudillos militares. Su posición era muy inestable al haber desaparecido la forma hereditaria de sucesión que gozaron los reyes tartésicos. La permanencia en el poder dependía fundamentalmente de dos aspectos: las riquezas y posesiones que gozaban y sobre todo, la mayor o menor potencia de las clientelas que les rodeaban y protegían (devotio ibérica). Estos régulos solían formar parte de las aristocracias de las tribus, los cuales gozaban de un gran prestigio entre el resto de la población debido a su potencial económico y militar.
Otro aspecto vital para los reyes turdetanos fue el ejercer un férreo control sobre la riqueza minera de la región, que según los autores clásicos era fabulosa. Una vez obtenidos los minerales pudieron establecerse beneficiosas alianzas con otros pueblos. El carácter militar de aquellos régulos era innegable, no sólo por la existencia de comitivas armadas que les rodeaban o por los ajuares encontrados en sus tumbas, en los que abundaban las armas, sino porque el aspecto militar era, al fin y al cabo, la única razón de su existencia. Tras la desintegración de Tartessos lo normal era que diversos régulos gobernasen cada uno sobre una ciudad.
Las crónicas, sin embargo, mencionan a uno de los principales régulos de los túrdulos, Culchas, que logró extender su dominio sobre veintiocho oppída y cuyo ejército se componía de tres mil infantes y quinientos jinetes (Livio 27, 12, 13; Polibio 11, 20). En el año 206 a.C. luchó como aliado de los romanos contra los cartagineses en la famosa batalla de llipa, en la que tomaron parte cincuenta mil turdetanos. Pero en el año 197 a.C. Luxino es nombrado en las crónicas como un rebelde a Roma que ejerce el control sobre sólo diecisiete oppida (Livio 28, 13, 3; 33, 21, 6). Las causas de la rebelión fueron los malos tratos a los que habían sometido los romanos a la población indígena, así como la dureza mostrada a la hora de exigir las contribuciones.
La rebelión encabezada por Culchas se extendió como la pólvora hacia las tierras del norte; entre los muchos otros régulos que se unieron a su causa, destacó por su importancia el ya citado Luxino, rey de los bastetanos (Livio 33, 21,7). Culchas y Luxino contrataron a diez mil guerreros celtíberos, conocidos por su especial valor y dureza en la batalla, quienes fueron mandados por sus propios cabecillas: Budar y Besadines. La revuelta hizo que los romanos perdiesen el control efectivo sobre numerosas regiones, hecho respondido por Roma con el envío de Marco Porcio Catón para aplastar a los rebeldes. La rebelión terminó en el año 194 a.C con la muerte de Culchas y Luxino.

(La Web de las Biografías)

Luxino

Luxino [ca. 204-194 a.C).
Rey de la antigua tribu prerromana de los bastetanos (ca. 204-194 a.C), situados por Estrabón entre Calpe y Gades, pertenecientes a la región de turdetania. Existió una gran confusión entre los autores antiguos a la hora de localizarles, ya que, incluso el mismo Estrabón en otro de sus pasajes los situó en el interior, desde las sierras de Cádiz hasta Granada, llegando casi a Málaga. Ptolomeo los dividió en dos grupos: los bástulos al oeste, a los que denominaba bástulos poenos y los bastetanos, al este de los anteriores. La región de los bardulos recibió intensas influencias culturales y políticas desde Tartessos. Asi, la monarquía fue la forma predominante de gobierno entre los bastetanos. Lo más frecuente fue que cada una de sus ciudades estuviera gobernada por un rey, aunque también se dieron casos en los que lograban extender su poder sobre varias oppida bastetanas. Al igual que en otras regiones de la península, más que de reyes debe hablarse de reyezuelos o cabecillas militares, los cuales eran elegidos por su situación de privilegio dentro de la propia tribu lo que les convertía en una élite económica, política y militar.
La base del prestigio de aquellos régulos estaba basada principalmente en las riquezas que poseían, asi como en la importancia de las clientelas militares que les rodeaban y protegían. Según Julio Caro Baroja la idea de monarquía era innata a los pueblos íberos ya que se relacionaba con los actos bélicos. Así los reyes, régulos o cabecillas, pasaban a ser vitales para la supervivencia de la tribu por su potencial militar, tanto era asi que su función bélica llegaba a ser la única razón de su existencia. Su posición nunca fue estable, ya que podían ser derrocados por cualquier otro con mayores riquezas y prestigio dentro de la tribu. Las noticias acerca de los régulos bastetanos provienen de numerosas y diversas fuentes, entre las que destacan los hallazgos de monedas, las excavaciones arqueológicas y sobre todo los escritos de los autores clásicos.
Por Tito Livio se conocen algunos episodios de la vida de uno de los más importantes régulos de los bastetanos, Luxino, que llegó a extender su control sobre centros tan vitales como Carmona, Bardon, Málaga o Almuñécar (Livio 33,21,7). A pesar de los pactos de colaboración que le unían a Roma, se unió a la rebelión del año 197 a.C, la cual, encabezada por el rey de los túrdulos Culchas, se extendió como la pólvora hacia los territorios del norte. Las causas del levantamiento fueron las malas condiciones a las que los romanos habían sometido a la población indígena, asi como la rudeza empleada a la hora de exigir las contribuciones. La rebelión del 197 a.C. fue un último y desesperado intento de recobrar la libertad. Culchas y Luxino contrataron a unos 10.000 guerreros celtiberos, conocidos por su especial dureza y valor, quienes fueron capitaneados por los caudillos Budar y Besadines. Los romanos llegaron a perder el control efectivo sobre numerosas zonas peninsulares, ante la gravedad de la situación fue enviado desde Roma Marco Porcio Catón, quien sofocó la rebelión en 194 a.C Tanto Luxino como Culchas fueron ejecutados como castigo de su traición a Roma.

(La Web de las Biografías)

Pelendones

Pueblo celtibérico que habitaba la reglón de las fuentes del Duero, norte de la provincia de Soria, sureste de la de Burgos y suroeste de la de La Rioja. Por el sur limitaban con los arévacos y por el norte con los berones.
Las fuentes también utilizan el nombre de cerlendones para denominarles. Según Aplano estaban emparentados con los arévacos y los numantinos. Se atribuye a los pelendones la llamada "cultura de los castros sorianos".

Cueva de Sopeña Cantabria

Hasta Miera, donde "cielo y tierra se juntan", llegaron nuestros más remotos antepasados. Hombres y mujeres cazadores-recolectores ascendían hasta las escarpadas cimas del Valle del Miera entre hace 30.000 y 10.000 años. Las condiciones climáticas limitaban sus visitas al verano, cuando la caza de cabras monteses y la pesca de salmones y truchas en el Río Miera, atrajeron a numerosos ancestros hasta nuestras incontables cuevas. Fruto de estas visitas son los importantes vestigios documentados en las Grutas de El Rascaño, El Puyo y especialmente El Salitre. Ésta última, además de servir de refugio, fue empleada como santuario rupestre en al menos, dos momentos, en el Solutrense (18.000 años) y en el Magdaleniense (15.000 años de antigüedad).
La Cueva de Sopeña (Salitre II), una auténtica recreación de la Cueva de El Salitre durante el Paleolítico Superior, permite descubrir cómo era la vida en las cuevas del Alto Miera y cómo se pintaron las representaciones rupestres conservadas especialmente en Salitre. Sopeña es una cueva de gran belleza y naturalidad. Realizaremos un viaje al pasado más remoto y conoceremos cuáles son las labores cotidianas realizadas en el campamento. En este punto se abordan temas del día a día... las dificultades con las que habitualmente se encuentran y cómo se enfrentan a ellas, desde la preparación del fuego a la recolección de alimentos, la caza, la pesca, el trabajo del sílex o el trabajo de hueso y asta.
No lejos del campamento, encontramos los fácsímiles de los paneles de las pinturas rojas de El Salitre. ¿Por qué pintan? ¿cuál es el sentido de las figuras? ¿cómo y con qué realizan sus dibujos? Son incógnitas que a día de hoy se desconocen en su mayoría, pero haremos un esfuerzo por ponernos en su piel y tratar de entender su mundo en una doble vertiente... “nosotros estamos mirando sus pinturas... pero sus pinturas nos observan también a nosotros”. En el interior de la cueva, donde la oscuridad es total, descubrimos el panel de las pinturas negras con las mismas incógnitas... ¿por qué entrar a lo desconocido a realizar estas representaciones artísticas?
Nos adentramos en Sopeña bajo tierra... tras un estrecho pasillo, la gruta se convierte en una fantasía geológica donde caben todas las formaciones posibles. Comprenderemos y entenderemos los caprichos que forma el agua en conjunción con el tiempo. En lo más profundo de la cavidad encontramos a los primeros moradores de Sopeña... el gran oso de las cavernas. Varias oseras albergaron en su día durante los duros inviernos glaciares a esos grandes e imponentes animales. Adultos, y sobre todo crías que allí nacieron, nos han dejado sus huellas en la arcilla para que hoy las podamos disfrutar.

(Paula Ríos Diaz)

Edificio protohistórico de la Mata - Campanario

En el término municipal de Campanario (Badajoz), a dieciocho kilómetros en linea recta del santuario de Cancho Roano, se encuentra el yacimiento arqueológico conocido como Edificio protohistórico de la Mata. Construido hace unos dos mil quinientos es, por tanto, contemporáneo del citado santuario, presentando, según los estudios de diversos investigadores, muchas similitudes entre ambos...
Así, los dos yacimientos tienen en común su aparente aislamiento geográfico, la orientación este, su cronología, sus dimensiones y planta cuadrada o los fosos que rodean sus murallas. Esto, unido al carácter aristocrático de las construcciones e incluso su posición como centro de poder ante la población autóctona son razones más que suficientes para pensar en que hubo una fuerte relación entre la Mata y Cancho Roano...
La función de la Mata estaría, sin embargo, más orientada al aprovechamiento agrícola, ganadero, forestal y cinegético, mientras que Cancho Roano tendría vocación religiosa y comercial. La Mata sería, por tanto, una hacienda o casa de campo señorial, aunque construida probablemente sobre algún antiguo símbolo religioso como alguna estela de guerrero o algún enterramiento.
Este edificio, situado al contrario que Cancho Roano, sobre una pequeña elevación natural, tuvo diferentes fases constructivas aunque finalmente tendría el aspecto de una fortaleza de dos plantas rodeada de una muralla y un foso. En el interior, además de la correspondiente zona residencial, habría otras dedicadas a almacén y a la realización de las labores de transformación de los productos. Así, durante las excavaciones, se encontraron numerosos molinos e incluso un lagar.
Además, esta casa de campo no alcanzaría la monumentalidad que si tuvo en sus últimas fases el santuario tartésico. El final de ambos tampoco sería el mismo. Mientras que Cancho Roano fue abandonado y ocultado a propósito, la Mata pudo ser objeto de algún ataque y de un posterior expolio, que explicaría la diferencia de piezas de prestigio encontradas en ambos yacimientos, según explica Javier Jimenez Ávila en el completo artículo "La construcción del poder en el mundo post-orientalizante".
Pero ¿quién eran estos hombres que hace 2500 años habitaron y construyeron este edificio en medio de la enorme extensión boscosa tan diferente del paisaje de pastos y estepas, sin apenas arboleda, que hoy podemos ver cuando recorremos la comarca de la Serena? Probablemente habría que hablar de una aristocracia procedente de las costas del sur, de ascendencia tartesia y muy influenciados por griegos y fenicios, que se extendió hace 2500 años por parte del suroeste de la península, protagonizando un fenómeno o unidad cultural. Este fenómeno, desconocido hasta hace pocas décadas y definido en 1978 por M. Almagro-Gorbea como "cultura post-orientalizante", se extinguió tan misteriosamente como apareció, dejándonos, eso si, importantes muestras de su arquitectura, de su arte y de su modo de vida...