lunes, 21 de septiembre de 2020

Arte rupestre de los valles de Otíñar, en Jaén

Se denomina arte rupestre de los valles de Otíñar, en Jaén, al conjunto de estaciones con representaciones de arte parietal prehistórico (pinturas y petroglifos) localizadas en los valles que alimentan al río Quiebrajano a su paso por el señorío de Otíñar.


Los valles del señorío decimonónico de Otíñar se sitúan en la Sierra de Jaén, en los arranques septentrionales de la Sierra Sur y articulados en torno al río Quiebrajano. Los sitios arqueológicos prehistóricos, conocidos en este territorio desde la década de 1970, parten desde el neolítico, momento en el que el paisaje empieza a ser conquistado simbólicamente a través de las marcas culturales de sus pobladores. No obstante, las manifestaciones artísticas conocidas en la actualidad podrían adscribirse –según los investigadores– a la Edad del Cobre, vinculándose al poblado fortificado de esta etapa prehistórica asentado en la ladera del cerro Veleta, y del que en la actualidad es reconocible la muralla y uno de los dólmenes de su necrópolis, construcciones ambas ubicadas en el denominado Collado de los Bastianes.

La totalidad de estaciones, se encuentren o no inventariadas e incluso descubiertas, están declaradas Bien de Interés Cultural en virtud del punto 2º del artículo 40 de la Ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español (BOE núm. 155, de 29 de junio): «Quedan declarados Bien de Interés Cultural por ministerio de esta Ley las cuevas, abrigos y lugares que contengan manifestaciones de arte rupestre».

Su anotación en el Registro de Bienes Inmuebles del Ministerio de Cultura, se realiza con la categoría de Monumento. Es de aplicación, por tanto, el régimen de protección otorgado a los inmuebles declarados Bien de Interés Cultural, categoría Monumento.


Soporte geográfico

El Señorío de Otíñar se ubica en el término municipal de Jaén. Sus límites legales fueron establecidos en 1827, un año después de que se concediera la villa a favor del primer barón, Jacinto Cañada Rojo. El único acceso a la zona se realiza a través de la carretera comarcal 2222, Jaén - El Parrizoso, situándose la aldea en el kilómetro 13.

Físicamente, el territorio forma parte de las estribaciones septentrionales de la Sierra Sur. Su red fluvial, el curso alto del río Guadalbullón, está formada de oeste a este por río Frío, río Quiebrajano y río Campillo, siendo este último valle, más abierto, el que ofrece continuidad hacia Sierra Mágina. Morfológicamente, la cuenca posee como eje el Quiebrajano, caracterizándose por un relieve margocalizo definido por la presencia de valles de montaña de geología antigua. La predominancia de abruptos relieves labrados por el agua, favorece la formación de numerosos abrigos y cuevas, elementos donde se sitúan la mayoría de las representaciones de arte rupestre que están inventariadas.

El total de seis conjuntos rupestres conocidos en el territorio de la aldea de Otíñar están incluidos en buena medida dentro de los límites del señorío decimonónico, el cual a su vez responde a una evidente diferenciación geográfica. Este paisaje arqueológico queda delimitado, siguiendo los topónimos publicados por Narciso Zafra (Zafra, 2004), al norte y este por los farallones del Cerro del Frontón y de la Cinta del Fraile y la Bríncola respectivamente. Al oeste es una cadena de elevaciones (Salto de la Yegua, Peñón del Beltrán, Cerro y Puntalón de la Matilla) las que definen una cuenca visual que coincide con un cambio de vegetación de alta montaña en el ascenso hacia La Pandera. Al sur, las vegas del río Quiebrajano se encajonan en su curso superior mediante otras alturas que igualmente permiten cerrar un paisaje aislado (Cerro de Peñablanca, Poyo del Gallego o Peñón del Sombrero).

Fuera de estos límites, la cuenca alta del río Guadalbullón estructura otros conjuntos rupestres en los que, al norte, destaca el de Noalejo y, al sur, los de río Frío, Peñas de Castro y la Mella. El río Campillo divide otra tipología de ocupación del territorio, la catalogada en Sierra Mágina, con una localización más caracterizada por criterios de amplio control visual (Abrigos de la Serrezuela de Pegalajar; Soria et alii, 2002) que de dominio de inmediatas rutas de acceso y tránsito a los recursos, como ocurre en los valles occidentales del Guadalbullón. Esta discriminación responde a las propias diferencias geomorfológicas de ambas cuencas: la primera de relieves abruptos y encajados, frente a los más suaves y amplios de la segunda, lo que caracteriza a dos vías de paso norte-sur distintas que causan modelos de ocupación igualmente dispares.

Lugares que ver

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