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viernes, 19 de agosto de 2022

Iliturgi - Mengíbar


Iliturgi, Illiturgis o Iliturgis fue una ciudad ibérica y posteriormente de la Hispania romana. Fue refundada por Tiberio Sempronio Graco cuando fue pretor de Hispania Citerior (181-179 a. C.). Se encontraba inmediata y al sur del río Betis (actual Guadalquivir) en el término municipal de Mengíbar, con el poblamiento romano en la llamada «Encomienda de Maquiz» y el ibero, descubierto en 2017, en el cerro de la Muela, si bien durante mucho tiempo se creyó que estaba cerca de Andújar, en lo que ha terminado por ser identificado como la antigua Isturgi.

Durante la segunda guerra púnica, se puso del lado de los romanos, y fue asediada por los cartagineses. Sin embargo, se levantaron los asedios. Cuando los hermanos Publio y Cneo Cornelio Escipión fueron derrotados, Iliturgi y Cástulo se pusieron del lado de los cartagineses. Además, de acuerdo con las fuentes romanas, se dice que los ciudadanos de Iliturgi habían ejecutado a los romanos que habían huido a la ciudad en busca de refugio durante la guerra. Cuando Escipión el Africano tomó por asalto la ciudad en el año 206 a. C., hizo ejecutar a todos sus habitantes y quemar sus cadáveres.

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sábado, 16 de julio de 2022

Castillo de Giribaile - Jaén


Los  primeros asentamientos humanos en Giribaile se remontan al primer tercio del II milenio a. C. De esta época se conservan diversas estructuras vinculadas a la explotación de los recursos mineros de la zona. Su ocupación se mantendría hasta época ibérica, convirtiéndose en una gran población, considerándose que corresponde a la gran capital oretana de Orissia, que sigue pendiente de excavaciones oficiales que aporten más datos sobre la misma. Durante esta última etapa ocupó una importante posición estratégica en la vía de conexión de Cástulo con el Levante. El oppidum oretano entre los siglos IV o III a. C., terminó transformándose en una gran ciudad fortificada con una extensión mayor de 18 hectáreas.

Este gran oppidum poseía una muralla principal situada al sur, de unos 200 metros de longitud por más de 10 metros de altura; en la actualidad se aprecia una enorme hilera de escombros sobre ella. El resto de la meseta ocupada por el oppidum está resguardado por la natural orografía del terreno, que le dota de una notable defensa.

No obstante, se abandonaría a inicios del siglo I a.C. después de un brutal arrasamiento por los romanos en el curso de las guerras y matanzas de Sertorio, huyendo los escasos supervivientes a Cástulo. El estrato de ceniza encontrado en giribaile denota la quema de la ciudad.

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miércoles, 22 de diciembre de 2021

Yacimiento del Cortijo del Pajarillo - Cabritas de Huelma


El yacimiento del Cortijo del Pajarillo o Santuario heroico del Conjunto del Pajarillo es un oppidum íbero hallado en 1945 en la pedanía de Cabritas de Huelma, España. 

Data en el Siglo V a.C y las esculturas halladas se conservan en el Museo Provincial de Jaén. Está considerado Bien de Interés Cultural desde 2006.

En 1945 el farmacéutico de Huelma, Camilo Amaro, ​da a conocer el hallazgo casual del yacimiento: piedras grandes labradas, trozos de cerámica y una escultura de piedra (tronco y cabeza) que representaba a un animal mitológico (un felino con cabeza de dragón) que consideró similar a la Bicha de Balazote. En concreto eran un león acéfalo y parte de una cabeza de grifo.

En 1991 se hizo una prospección en la que se evidenció el fortuito deterioro por las labores agrícolas de la finca y el expolio intencionado, por lo que amontonadas junto al yacimiento se encontraron piedras de origen íbero de diferente tamaño.

En 1993 el propietario descubre dos grandes elementos escultóricos: un león acéfalo y una figura humana, también acéfala, armada con falcata y en posición defensiva. Estos hallazgos motivaron una excavación por el área de Arqueología y Prehistoria del Departamento de Territorio y Patrimonio Histórico, de la Universidad de Jaén y por el de la Universidad Complutense de Madrid en el que interviene Teresa Chapa Brunet, con financiación de la Junta de Andalucía. 

El conjunto escultórico de El Pajarillo está perfectamente contextualizado por lo que los trabajos se realizaron para documentar estratigráficamente su posición y la secuencia histórica de las esculturas, además del entorno de El Pajarillo, así como una prospección microespacial dentro del propio yacimiento. [

El yacimiento lo constituye un enorme lienzo de piedra de 80 x 8m, con estructura de acceso por el norte con unas pequeñas escaleras que dan acceso a un corredor delantero o pódium que desemboca en otras escaleras de mayores dimensiones que en origen estaban flanqueadas por dos leones. El resto del conjunto escultórico se situaría en lo alto de una torre recubierta de barro, ubicada en la zona central. Las esculturas representan a un lobo, un guerrero, dos grifos, un muchacho joven y un carnívoro. 

En el interior de la estructura se localizaron tres habitaciones, siendo excavadas dos. Se conectaban a través de un pasillo. El área de culto del santuario está fortificada, pero casi con total seguridad no con fines militares. En la parte trasera de la estructura se documentaron aterrazamientos y muros destinados posiblemente a la contención del terreno.

Durante el Siglo V a.C. el valle del río Jandulilla era una zona de paso dentro la ruta comercial entre Murcia y el Valle del Guadalquivir y su oppidum colonizador era Úbeda la Vieja. 

El asentamiento del Cortijo del Pajarillo tenía un propósito específico. Se trata de una inmensa pared en medio del campo y de un conjunto escultórico bien visible sobre una torre. Esto da la idea de una puerta de entrada desde el sur al valle del río Jandulilla empleada para mostrar, con gran ostentación, el carácter "heroico" de la pequeña aristocracia ubetense.

Se conserva en el Museo Íbero de Jaén.

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lunes, 25 de octubre de 2021

Yacimiento de Las Alayuelas - Fuerte del Rey


El yacimiento de Las Atalayuelas es un oppidum ibérico​ situado en un relieve geográfico denominado, por su relevancia topográfica, Atalayuelas, dentro el término municipal de Fuerte del Rey, provincia de Jaén, España. Acogió un espacio de culto ibero, asimilado después por la religión romana. Durante época altoimperial se configuró como vicus. Presenta una ocupación desde el Neolítico hasta época emiral.

La zona ya era conocida por tradición en esta comarca de la campiña, a través de leyendas de hallazgos fabulosos del «tiempo de los moros». En 1920 Alfredo Cazabán recoge informaciones sobre el yacimiento.

En 1986 se autoriza y subvenciona una prospección con sondeos estratigráficos en la zona, bajo la dirección del arqueólogo Marcelo Castro. Sin embargo, los restos hallados vuelven a ser cubiertos, al no estar previsto un plan adecuado de conservación de los mismos. Por aquellas fechas ya mostraba indicios de haber sufrido expolios.

No es hasta el mes de julio de 2003 cuando la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía se decide a llevar a cabo una actuación de prospección y excavación arqueológica en la zona, a causa de un expolio sufrido, bajo la dirección del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica (CAI), con sede en la Universidad de Jaén, siendo su director Arturo Ruiz.​ El yacimiento se situaba bajo una plantación de olivar, siendo el mismo propietario el que dio el aviso del expolio a la Guardia Civil.

Durante la época del Cobre se ocupa la cumbre del Cerro del Morrón. En ella se construye un poblado aterrazado.

En el  periodo del Bronce final la zona de ocupación se traslada a la zona central de Atalayuelas. El estado de conservación es muy pobre debido a la construcción sobre esta zona del oppidum ibérico.

El oppidum se inicia en el Ibérico Antiguo. En esta época constituye uno de los varios núcleos que se forman en la Campiña de Jaén, junto a otros como el oppidum del Cerro Villargordo o el del Puente Tablas. Durante este periodo el oppidum ocupaba una vasta zona, asentándose en el cerro las Atalayas y en el Cerro Morrón (al este del anterior). Se ha conservado una muralla ibérica de anchura entre cinco y siete metros que rodea ambas entidades geográficas. Al Oeste, en el cerro colindante conocido como de las Norias, se ha conservado también otro recinto fortificado de la misma época.

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martes, 7 de septiembre de 2021

Yacimiento de la Mesa - Alcalá la Real


El yacimiento arqueológico de La Mesa se sitúa en la pedanía de Ribera Alta, en el término municipal de Alcalá la Real (Jaén, España). Su nombre está relacionado con la forma amesetada y alargada del cerro sobre el que se asienta, el cual se extiende hacia el norte bajo el actual caserío. Su situación topográfica favorece a la vez una importante situación estratégica, presidiendo el entorno más inmediato y dominando los cursos del río Frailes, al oeste, y del arroyo de la Fuente, al este, enclavándose en la confluencia de ambos.

La zona arqueológica de La Mesa posee una larga trayectoria temporal que arranca desde la Edad del Cobre y se prolonga hasta períodos históricos, siendo su continuidad ocupacional un valioso registro arqueológico, testigo de las diversas transformaciones sociales y económicas que se producirán durante tres milenios.

Su situación estratégica, en un espolón presidiendo la confluencia del río Frailes con el arroyo de la Fuente y en un territorio limítrofe con los yacimientos de las provincias de Jaén y Granada, le conferirán con el tiempo una fuerte orientación comercial que le servirá para ser testigo excepcional de los diversos intercambios culturales que se producirán durante el largo período de tiempo de su ocupación, hechos que quedan constatados en su importante registro material.

El origen del asentamiento parece datar del III milenio a. C., en plena Edad del Cobre. Sus características topográficas favorecieron una especialización agrícola, frente a otros sitios arqueológicos cercanos como San Marcos, que evidencia una comunidad eminentemente ganadera. Esta polivalencia productiva favorecería la incorporación de La Mesa en el comercio de las nuevas aleaciones metálicas y una mejor adaptación al posterior fenómeno argárico, ya en la Edad del Bronce.

Aunque en el Bronce Medio se constata un abandono de las poblaciones anteriores y la proliferación de pequeños poblados fruto de la nueva transformación política, como ocurre en la provincia de Granada, en Alcalá la Real sólo se registra el abandono del sitio arqueológico de La Mota I; de esta forma, dos importantes poblaciones como son La Mesa y La Gineta pudieron alargar su proyección temporal hasta momentos históricos. Ambos yacimientos tuvieron un amplio desarrollo en la cultura argárica, compartiendo la peculiaridad de presentarse en espolones estratégicos sobre las respectivas vegas de los ríos Frailes y Palancares, lo que permitió relacionarlos con otros asentamientos argáricos como Cerro de la Encina en Monachil o el Cerro de los Infantes.

Con la llegada del Bronce Final, ambos sitios alcalaínos encontraron las condiciones perfectas para su desarrollo en función de estos intercambios con las tierras granadinas del sur, donde seguirían vigentes grandes núcleos como el Cerro de los Infantes, o el Cerro de la Mora, en la desembocadura del río Frailes en el Genil. En la primera mitad del siglo VIII a. C. ambos núcleos iniciaron el intercambio comercial con las colonias fenicias de la costa mediterránea malagueña. El desarrollo de las relaciones económicas se generalizará por completo, participando La Mesa en el intercambio de sus productos agrícolas y ganaderos por los nuevos envases industriales de cerámica, vajilla de lujo, tejidos o manufacturas de hierro.

La fase ibérica supondrá una clara transformación de las estructuras materiales, territoriales, sociales y urbanas frente a la orientación fenicia de la etapa anterior. El Ibérico Final o Reciente representará el aumento de la presión cartaginesa sobre los territorios iberos, una vez que la situación mediterránea empeora a causa de la intervención romana. En el siglo III a. C. Cartago decide ocupar militarmente el territorio peninsular, lo cual impulsaría a su vez la posterior llegada romana. Con el devenir de la segunda guerra púnica, la destrucción de las ciudades iberas que habrían apoyado al bando cartaginés es mayoritaria. Según los investigadores, estas circunstancias parecen reflejarse en el registro arqueológico de La Mesa, encontrándose las monedas cartaginesas calcinadas. Esto se une a la falta de cerámicas más modernas en el área principal del poblado, algo que expresaría que fue durante esa guerra cuando se provoca, si no un abandono del yacimiento, sí al menos una clara reducción de su espacio de ocupación.

Por otro lado, en el Museo Municipal del Conjunto Monumental de La Mota se ubica un fragmento de escultura en piedra con garra de león, que algunos investigadores asocian a La Mesa y en relación con un monumento funerario ibérico, lo que supondría una importante novedad, ya que ampliaría la dispersión de estos animales funerarios, bien conocidos en las campiñas del Guadalquivir, a esta parte de la Subbética, estableciendo un punto de unión con los escasos descubrimientos de este tipo que se conocen en la provincia de Granada.

La comarca de Alcalá la Real, y como exponente La Mesa, jugó un papel como territorio intermedio de relación entre el valle del Guadalquivir y las tierras interiores granadinas, reforzando a fines del I milenio unos mecanismos de intercambio que se venían observando desde mucho atrás y asegurando, además, la relación que desde el final de la Prehistoria, habían dinamizado por el sur los yacimientos del Cerro de la Mora y el Cerro de los Infantes.

Lugares que ver

viernes, 13 de agosto de 2021

Yacimiento arqueológico Gil de Olid - Baeza


El yacimiento arqueológico Gil de Olid se localiza en la terraza de un meandro del río Guadalquivir, próximo al núcleo de Puente del Obispo, en el extremo oeste del término municipal de Baeza (Provincia de Jaén, España). Presenta un área de poblado y su necrópolis. Las prospecciones también documentaron la presencia de una villa.

Para el poblado se ha establecido una larga cronología detectada en seis períodos: Cobre Final - Bronce Antiguo, Protoibérico, Ibérico Antiguo, Ibérico Pleno, Romano Republicano y Romano Altoimperial, habiendo afectado el último profundamente a las anteriores. El poblado, un «oppidum» en época ibérica, estuvo fortificado a lo largo de todas sus fases, lo cual sostiene la idea de su origen como punto estratégico de control. En cuanto a la necrópolis, sólo ha sido localizada parcialmente la de época ibérica con una superposición de hasta cinco fases.

El poblado - El poblado presenta una larga ocupación, una primera del Cobre Final-Bronce Antiguo y una segunda que abarca desde el período protoibérico hasta la época altoimperial, desde el siglo VII a. C. hasta el siglo I d. C. De la primera fase se localizó una posible fortificación y varios niveles de habitación, mientras que la siguiente fase de ocupación, Protoibérica e Ibérica, queda representada mediante diversas construcciones de muros de tapial y zócalo de piedra, junto a un amplio repertorio de material cerámico. Este asentamiento continuó sin interrupciones hasta el período altoimperial, que es la fase mejor documentada, en la que destaca un área de viviendas a las que se asocian materiales cerámicos de paredes finas. También de gran importancia es un pavimento enlosado de grandes dimensiones que se asienta sobre una fuerte cimentación y delimitado por sillares de piedra. Éste es el último período detectado, abandonándose el asentamiento de forma inmediata. 

La necrópolis - La necrópolis se documentó en una intervención arqueológica en la década de los 80, apareciendo un total de 29 enterramientos, con una cronología que abarca desde el siglo VI al IV a. C. Predominan las fosas, simples o delimitadas mediante un murete de tapial o un zócalo de piedra. Estas tumbas se pueden agrupar en dos tipos. El primero de ellos se caracteriza porque la cremación se realiza en un espacio diferente y alejado del lugar de depósito, las cenizas se depositan en una urna y los materiales hallados mantienen cierta estandarización. En cuanto al segundo grupo, la fosa de cremación es de mayores dimensiones y se encuentra cubierta por un túmulo de tierra, practicándose la cremación en la misma fosa y depositándose los restos, sin urna, en un extremo. En ambos grupos se constató la ausencia de importaciones cerámicas.

Por último, se registran tres tumbas complejas o de cámara y otra de pozo, únicas estructuras en la que se documentaron importaciones cerámicas, que denotan una mayor complejidad estructural reflejo de diferenciación social.

Actualmente no se observa huella visible de la necrópolis pero sí del asentamiento, que cuenta con una secuencia estratigráfica muy potente que permitirá seguir aportando información sobre dichos períodos.

Fuentes - Este artículo es una obra derivada de la disposición relativa al proceso de declaración o incoación de un bien cultural o natural publicada en el BOE n.º 288 el 30 de noviembre de 2004 (texto ), texto que está libre de restricciones conocidas en virtud del derecho de autor de conformidad con lo dispuesto en el artículo 13 de la Ley de Propiedad Intelectual española.

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miércoles, 4 de agosto de 2021

Yacimiento arqueológico de Cerro Boyero


Los principales valores arqueológicos del yacimiento se centran en los restos de una ciudad ibérica fortificada, de más de 17 hectáreas y estratégicamente asentada en una meseta con buenas condiciones de habitabilidad y defensa, amplio control visual del territorio y manantiales y terrenos aptos para el cultivo en sus inmediaciones. El recinto original fue ampliado hacia el este en época iberorromana, como atestigua la existencia de cisternas y silos datados en ese periodo.

Cerro Boyero fue dado a conocer en el año 2002, a raíz del hallazgo casual de un relieve antropomorfo ibérico y parte de una inscripción en piedra en un lugar cercano a la zona fortificada. La primera de estas piezas conserva la mitad del rostro de un hombre con barba y pudo pertenecer a la fachada de un edificio. La inscripción se sitúa en un bloque de forma trapezoidal y en ella se aprecian dos líneas de escritura con seis signos identificables y tres incompletos. El régimen de protección acordado incluye ambos bienes inmuebles, que actualmente se exponen en el Museo Municipal y Centro de Interpretación del Territorio de la cercana población de Alcalá la Real (Jaén).

Los materiales en superficie del yacimiento revelan una ocupación humana continuada durante el Bronce Final Reciente (cerámica pintada a bandas con motivos geométricos de policromía roja y negra), la Edad del Hierro Antiguo (molinos de mano y otras piezas de moler), la época ibérica (otras cerámicas con decoración geométrica), la ocupación romana (abundantes vestigios cerámicos y restos de ánforas y conducciones de agua) y la Edad Media (cerámica vidriada).

De la muralla ibera se conservan algunos restos emergentes, sobre todo en el flanco norte, donde se aprecia una construcción en talud a base de piezas pequeñas. En otros sectores existían lienzos de grandes sillares, aunque la acumulación de grandes montones de piedras para facilitar las tareas agrícolas impide reconocerlos.

Otros indicios apuntan a que la necrópolis del poblado podría situarse en la zona de El Barranco, prolongación natural de Cerro Boyero, donde también existen abundantes restos de cerámica ibérica y romana.

Junta de Andalucía 

jueves, 1 de julio de 2021

Tablas de Pochico - Aldeaquemada

En un crestón de cuarcita, a unos cincuenta metros de la margen derecha del Río Guarrizas y a unos dos kilómetros al sudoeste de Aldeaquemada, poco antes de la Cascada de la Cimbarra.

Está orientado hacia el Este. La pared de las pinturas, no tiene pues protección rocosa natural, siendo lavada por el agua de lluvia. Estas pinturas fueron investigadas por primera vez en 1915, por Juan Cabré, que las  incluyó en sus obras; “Arte rupestre de España” (1915), y “Las pinturas rupestres de Aldeaquemada” (1917). El abate Breuil (1933), sin conocerlas, las reprodujo de los calcos de Cabré, en el Volumen lll de su corpus, dedicado a Sierra Morena. Posteriormente en 1968, A. Beltrán Martínez, se refiere a este yacimiento en su obra “Arte Rupestre Levantino”.

En la década de los ochenta vuelve a ser estudiada por varios investigadores. Así. Lia Dams, la recoge en su obra “Les peintures rupestres du LLevant Espagnol!” (1984). Por último serán los trabajos de López Payer y Soria Lerma, los que aporten una nueva revisión sobre los calcos existentes, documentando la existencia de superposiciones (1988), y aportando la documentación gráfica más detallada hasta ahora.

Las pinturas se encuentran distribuidas en cuatro paneles rocosos, el principal de los cuales, que es al mismo tiempo el más numeroso y el que contiene la totalidad de las figuras levantinas, se encuentra en el frente de un gran peñón desgajado de un crestón de cuarcita casi perpendicular al río. Dicho panel se encuentra sin protección natural, quedando las pinturas a la intemperie y expuestas directamente a la acción de los rayos solares desde el mismo momento del amanecer. No obstante, a pesar de estas circunstancias adversas para su conservación, se pueden observar en dicho panel un total de 7 grupos de figuras, algunos de los cuales compartidos por figuras levantinas y esquemáticas, algunas de las cuales están superpuestas.


Existen en la Tabla del Pochico diez grupos: 

las Pinturas rupestres de la Tabla del Pochico 1, 

las Pinturas rupestres de la Tabla del Pochico ll, 

las Pinturas rupestres de la Tabla del Pochico lll, 

las Pinturas rupestres de la Tabla del Pochico IV, 

las Pinturas rupestres de la Tabla del Pochico V, 

las Pinturas rupestres de la Tabla del Pochico VI, 

las Pinturas rupestres de la Tabla del Pochico VII, 

las Pinturas rupestres de la Tabla del Pochico VIII,

las Pinturas rupestres de la Tabla del Pochico IX, 

las Pinturas rupestres de la Tabla del Pochico X y las inéditas

Pinturas rupestres de la Tabla del Pochico XI.

Cerrada hace poco, la llave se recoge en el Ayuntamiento de Aldeaquemada.

Declarada Bien de Interés Cultural.

jueves, 3 de junio de 2021

Marroquíes Bajos - Jaén


Todos estos yacimientos arqueológicos hoy desaparecidos por la poca sensibilidad y miras de futuro de nuestros políticos. Se define por la superposición de varios asentamientos de diversas épocas: prehistoria reciente, protohistórica, romana, medieval y moderna.

El primer emplazamiento propiamente urbano de Jaén.

El asentamiento prehistórico de Marroquíes Bajos en su máxima extensión llegó a alcanzar las 34 hectáreas de perímetro amurallado.

Por la tipología de las estructuras y la factura de los materiales cerámicos se puede adscribir a un horizonte con inicios en el III Milenio a. C. y pervivencia hasta la primera mitad del II Milenio.

Se organizaba en forma de cinco círculos concéntricos y tenía un sistema muy ingenioso para captar el agua procedente de los arroyos que bajaban del Cerro de Santa Catalina. Obra de ingeniería sin par en la Península Ibérica entonces.

Cada círculo se correspondía con un área de ocupación y estaba rodeado de un canal del que partían otros fosos transversales intercomunicados con los sucesivos anillos.

Las estructuras corresponderían a un gran poblado, o a una superposición de ellos, de amplia secuencia cronológica y diversas funciones: habitacional, almacenadora, funeraria, defensiva, con frecuencia compartidas.

El poblamiento se estructura, prácticamente durante todo el proceso, en torno a los sistemas de fortificación y canalización.

Los anillos concéntricos que, con variantes puntuales, consisten en fosos excavados en el firme con sección diversa: mayoritariamente en "U" o en "V", acompañados en su lado interno de empalizadas, muros de adobe y/o muros de piedra (Marroquíes Bajos. Muralla).

Se conocen bastiones (parcelas B2, 3, 4, 5 y E2-4 de la UA 23) (Marroquíes Bajos. Bastiones) y accesos (parcela E2-4 de la UA 23) (Marroquíes Bajos. Puerta del Cuarto Anillo).

En la zona interfosos, y en ocasiones sobre ellos, se ubican las construcciones.

Las viviendas ofrecen diversas tipologías (subterráneas, con postes o con zócalo de piedra y adobe), predominando las de planta circular.

Estructuras de habitación:

1. Estructuras excavadas en la roca, de base circular, perfil preferentemente campanado y diverso tamaño y profundidad.

2. Estructuras cilindro-cónicas de materia vegetal y barro, con perímetros fijados por pequeñas zanjas y hoyos de poste.

3. Cabañas circulares u ovales construidas con zócalo de piedra.

Estructuras de almacenaje:

1. Silos excavados en la roca de planta circular y sección en "U" o acampanada.

Estructuras funerarias:

1. Fosas excavadas en la roca con enterramientos múltiples de planta y sección similar a la de las estructuras de habitación.

2. Pithoi

La muralla llegó a tener un grosor de 2 m, estaba realizada en adobe y delimitaba el cuarto y quinto anillos.

El último anillo quedaba más vulnerable y en su parte sur, correspondiente al emplazamiento conocido como Marroquíes Altos, se ubicaba la necrópolis, donde se empleaba un ritual de enterramiento colectivo basado en cuevas artificiales.

A lo largo del segundo milenio a. C. aparecen los primeros vestigios de ocupación prehistórica en la ladera del Cerro de Santa Catalina.

Se evidencia así la coexistencia de pequeños núcleos de hábitat y cierta tensión territorial que culmina en el abandono progresivo del gran emplazamiento calcolítico, cuya red hídrica se fue convirtiendo en un terreno pantanoso, como se evidencia en los restos palinológicos.

Su sustitución por otras referencias urbanas de ocupación es un fenómeno que resulta bastante complejo y dilatado en el tiempo, desembocando a partir del Bronce Final en el desarrollo del poblado ibérico de Puente Tablas (Oppidum del Puente Tablas).

Al no haberse superpuesto edificaciones en épocas recientes, la conservación de las huellas del pasado es mucho mayor, y en sentido contrario los movimientos de tierras son de gran envergadura y más continuos.

Es decir, en la zona de Renfe existían una mayor calidad y cantidad de datos para recuperar la memoria de nuestra ciudad y por el tipo de crecimiento previsto allí su riesgo de desaparición era mucho mayor.

La Consejería de Cultura decidio incoar el procedimiento para Catalogar específicamente esta zona dentro del Patrimonio Histórico Andaluz. Es decir, se escogió el rango de protección más alto según la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía, similar al que posee la Catedral de Jaén, por ejemplo. Esta resolución fue firmada en junio de 1995 y publicada en el Boletin Oficial de la Junta de Andalucía en noviembre de ese mismo año. Aún así todo se destruyó.

La existencia de restos arqueológicos desde la Edad del Cobre hasta la Edad Media.

Se puso de relieve el conflicto entre la necesidad de documentación y conservación del Patrimonio Arqueológico y el nuevo desarrollo urbanístico y especulativo del suelo en la ciudad ganando el Ladrillo y destruyendo un valiosísimo patrimonio arqueológico y turístico.

Desde mediados de los años ochenta las intervenciones arqueológicas en la ciudad de Jaén, tanto en el Centro Histórico como fuera de él han llevado a una serie de propuestas de los expertos hacia los gestores y demás agentes implicados de la ciudad, encaminadas a establecer un equilibrio entre planeamiento, desarrollo urbano, actividades arqueológicas y recuperación de la memoria histórica de la ciudad.

Estas intervenciones desde la Arqueología urbana han generado una cantidad importante de materiales e información sobre la ciudad que no podemos percibir desde la superficie, parte de ellos se encuentran en custodia en el Museo Provincial donde pueden ser visitados.

La Zona Arqueológica de Marroquíes ocupa una extensión aproximada de 40 hectáreas.

Cuando comenzaron los primeros movimientos de tierras para la construción se puso de manifiesto parte de la ocupación humana que esa zona había contenido desde el III milenio antes de nuestra era hasta los siglos XII y XIII.

La relación que esta zona hubo de tener con lo que tradicionalmente se había considerado orígen y desarrollo de la ciudad más antigua en torno al Cerro de Santa Catalina y sus laderas, lo que identificamos con la ciudad ibero-romana y medieval.

Los trabajos de Arqueología urbana acometidos en esta zona desde Febrero de 1995 hasta la actualidad han permitido documentar la existencia de diversas fases culturales.

De ellas, la fase más conocida por su extensión y número de construcciones es la perteneciente a la Edad del Cobre (III milenio antes de nuestra era).

Se han estudiado viviendas excavadas en la roca o cabañas y otras construidas con zócalos de piedra y postes, posiblemente de madera, que sirven de soporte a techumbres de materia vegetal, silos o lugares para almacenaje, espacios dedicados a la metalurgia (con lo que ello implica del dominio humano sobre la producción de herramientas y la transformación de los minerales), estructuras de tipo defensivo, fosos y murallas, también sepulturas colectivas similares a las documentadas en 1950 durante las obras de la Iglesia de Cristo Rey en la zona de Marroquíes Altos; estas se encuentran situadas al Este, en una de las zonas más extremas del poblado.

La delimitación de este poblado aún no es definitiva, en la actualidad los límites del mismo están en las líneas de fortificación y delimitación de murallas y fosos.

Se han localizado cinco fosos aunque hay indicios de un sexto, desarrollados en círculos concéntricos con líneas de muralla en ocasiones perpendiculares a los fosos que al parecer garantiza un sistema defensivo bastante seguro; en otros casos se encuentran reforzando la parte interior del foso.

En estos fosos tenían canalizado el arroyo de la Magdalena, para tenerlos a nivel y que discurrieran las aguas por todos, donde faltaba terreno lo añadían y donde sobraba lo quitaban.

Es una Gran Obra de ingeniería con una perfección increíble de 5000 años de antiguedad. Hay que tener en cuenta que 500 años antes de que se construyera la Gran Pirámide de Keops en Jaén se hicieron 5 o 6 fosos concéntricos con unas dimensiones espectaculares. Hay que tener en cuenta que el quinto anillo tiene un perímetro de 11 Kms.

Es increíble que se haya perdido la que posiblemente sea la ciudad más antigua de occidente. Ya que estamos hablando del Calcolítico y se estima que podría tener una población de 11.000 habitantes y una antiguedad de 5000 años. Cuando por la misma época y unos kilómetros más hacia el sur, en la Sierra de Jaén estában viviendo sus contemporaneos en cuevas y en grupos familiares de no más de 15 personas.

Una colosal obra de ingeniería de caracter defensivo para defenderse de ¿quien?. Estamos hablando de los origenes de la civilización. ¿De quien tenían que defenderse?

También hay que tener en cuenta que debía de existir un comercio y un transporte ya que en las cabañas se han encontrado utensilios para el trabajo del metal, y la materia prima más cercana estaba en Sierra Morena.

Y si había comercio y no existía la moneda se supone que el pago se haría con productos no perecederos como el grano, del que se han encontrado varios silos de este producto.

Algunos autores la han relacionado por sus anillos concéntricos a la descripción de Platón con la Atlántida.

La Edad del Cobre o calcolítico es una época importante en la Prehistoria, pues tras la revolución neolítica comienza a aparecer la metalurgia, la complejidad social, el control humano del territorio y la expansión demográfica en la Península Ibérica.

Concretamente la Edad del Cobre en Jaén representa la consolidación de la economía agraria y la emergencia de un sistema territorial, articulado por centros importantes como Marroquíes Bajos en Jaén o los Alcores en Porcuna.

De Epoca Romana se han documentado diversas estructuras hidráulicas excavadas en la roca utilizadas para el regadío del campo cultivado de la ciudad romana de Aurgi (Jaén romana), y los restos de la villae donde se centralizaba esta explotación agraria. Tambien se ha encontó el primer molino industrial de producción de Aceite de Oliva.

De Epoca Islámica, cuando Jaén era Yayyan, también se han documentado diversas fases, restos de viviendas de los siglos IX y X; una alquería o pequeña aldea dedicada a la explotación agrícola y ganadera con casas con habitaciones en torno a varios patios (S.XI y XII).

El Jaén de hace 5.000 años.

Como si quienes habitaron estas tierras treinta o cuarenta siglos atrás pretendieran darnos una lección de lógica y sabiduría, el orden y la racionalidad con que construían murallas y fortificaciones de gran solidez, como el sentido de lo utilitario presidía la labor constructora y el agudo ingenio de nuestros antepasados era capaz de canalizar el viejo arroyo de la Magdalena con dos muros laterales en vez de recurrir a la solución más económica pero menos duradera de la simple excabación de una zanja.

Jaén carece de un faro monumental que al modo de Alhambra o Mezquita, atraiga al turismo y cuando lo encontró lo destruyó.

El tejido arqueológico es, problablemente, el más rico de España que es tanto como decir de Europa Occidental.

En la zona denominada SUNP-1 de Marroquíes Bajos sacarón a la luz una importante necrópolis calcolítica de la Edad del Cobre. Se trata de seis tumbas colectivas con unos 15 individuos cada una, de diferentes edades y de ambos sexos, unos en posición fetal y otros acostados de lado.

Se trata de una de las necrópolis colectivas más importantes encontradas hasta la fecha de ese periodo histórico.

Se han conservado una pequeña parte de las excavaciones bajo el Colegio Miguel Castillejo (Marroquíes Bajos. Yacimiento del Colegio Miguel Castillejo) y se acceden a ellas a través de una trampilla ubicada en el interior del colegio.

Polémico ha sido el sellado de la excavación arqueológica de la Calle Cataluña número 3 (Marroquíes Bajos. Excavación arqueológica Calle Cataluña nº 3).

Declarado Bien de Interés Cultural (aunque de poco le ha servido).

Redjaén 

martes, 26 de enero de 2021

Venta del Rapa - Mancha Real


El poblado calcolítico “Venta del Rapa” (finales III milenio Cal. BC.), Mancha Real, Jaén. Un recinto de fosos entre las estribaciones de Sierra Mágina y el Alto Guadalquivir. 

Resumen: Se presentan los resultados de la excavación arqueológica realizada en el poblado calcolítico “Venta del Rapa”, localizado durante las prospecciones previas a la construcción de la Autovía del Olivar en el término municipal de Mancha Real, Jaén. El poblado tiene un foso en la parte más alta que delimita un área de 0,5 ha. Tanto en su interior como en su exterior se ubican cientos de estructuras excavadas en la base geológica, abarcando 2 ha. Entre ellas destacan tres tumbas colectivas de inhumación sin ajuar, cuyas dataciones radiocarbónicas, fechan su ocupación en el Calcolítico Pleno-Final (2350-2000 Cal. BC).

Asociación los Dólmenes 

lunes, 28 de diciembre de 2020

Isturgi - Andújar

Los restos más antiguos del yacimiento corresponden a la Edad del Bronce, con hachas pulimentadas, morteros, molederas, etc.

A fines del siglo III a.C Roma conquistó las posesiones cartaginesas en Hispania.

Con la victoria romana de Ilipa (209 a.C) consagró el dominio de Roma sobre el este y sur peninsular.

En los Villares de Andújar se localiza la antigua ciudad ibérica de Isturgi, llamada también por los romanos Municipiun Triumphales.

En Isturgi la actividad económica será la alfarería y la agricultura.

La alfarería será potenciada, gracias al paso del río Guadalquivir.

Isturgi se convirtió en uno de de los principales centros productores de cerámica, hoy por hoy, el más importante de la Bética Romana y junto con el de Tricio (La Rioja), el más importante de Hispania.

El yacimiento de Los Villares destaca junto a los de La Graufesenque en Francia y Scoppieto en Italia como centro de referencia de producción de «Terra Sigillata Hispánica» en el Mediterráneo Occidental. «La terra sigillata» que se confeccionaba en Andújar se exportaba a diferentes puntos del imperio romano a través del Río Guadalquivir. Los arqueólogos siguen documentando la aparición de piezas de sigillata hispánica producidas en Isturgi (la antigua Andújar) en yacimientos de otros puntos del Imperio Romano, que habrían sido centros receptores de la cerámica de Los Villares.

Un ejemplo son los estudios del profesor Emanuele Papi, de la Universidad de Siena, sobre cerámica localizada en el Norte de África, en el yacimiento de la antigua ciudad romana de Thamusida. Se trata de un puerto fluvial en Marruecos que habría sido centro receptor de Los Villares, es decir que la cerámica producida en Isturgi habría llegado hasta Thamusida, a través del río Guadalquivir.

Hace cuarenta años que el profesor Sotomayor descubrió el yacimiento el barrio industrial de Isturgi, centro productor de «terra sigillata» de referencia del Imperio Romano, pero aún continúa enterrado en la pedanía de los Villares desde los años 70, sin que ningún turista pueda visitarlo. A esto se suma la necesidad de excavar y poner en valor la antigua ciudad de Isturgi o «Municipium Isturgi Triumphale», cuya ubicación, en otra zona de la pedanía de Los Villares, fue documentada con certeza en 2012, en el transcurso de unos trabajos de Red Eléctrica Española. Desde entonces, el ayuntamiento de Andújar no ha dejado de reivindicar a la Junta su implicación para que se inicie un proyecto que permita musealizar el yacimiento.

Los alfareros de este periodo producían distintas formas cerámicas, como ánforas, vajilla de mesa, menaje de cocina, elementos de construcción.

De todas estas destaca las de Terra Sigillata Hispánica, caracterizada por tener un barniz rojo.


Conocemos a algunos alfareros de Isturgi, gracias a la marca que ponían algunos en sus producciones, entre ellos MSM, TITTI OPPI, CVDAS, QVARTIO.

En el Museo Arqueológico de Jaén se encuentran muchas piezas de cerámica de Los Villares de Andújar, al igual que en el Museo Arqueológico de Andújar (Museo Arqueológico Profesor Sotomayor).

En los Villares de Andújar, han aparecido y continúan apareciendo, múltiples vestigios romanos, como cerámica, inscripciones, monedas, etc...

Igualmente se encuentra un horno de cerámica Sigilata, que se excava de vez en cuando.

Francis

martes, 24 de noviembre de 2020

Cerro de las Piedras - Villacarrillo


El cerro de las Piedras, es un promontorio que se encuentra ubicado en el término municipal de Villacarrillo en la provincia de Jaén, Andalucía, España, y cuya importancia viene dada por haber sido catalogado como asentamiento arqueológico de la Edad del Cobre, habiendo sido ocupado desde el 2500-2000 a. C.

El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), desde el 2 de junio de 1989, lo declaró asentamiento arqueológico a proteger y le otorgó el código de registro 230950012.

El cerro lo encontramos en las cercanías de la pedanía de Herrera, a 450 m de la carretera comarcal JV-6001, a 8,9 km de Villacarrillo y a unos 400 m de la vertiente sur del río Guadalimar.

Según las últimas mediciones, el cerro ocupa en su totalidad 1,76 ha, con un radio aproximado de 80 m.

El asentamiento ha sido catalogado por el IAPH como zona arqueológica de tipología asentamiento de la Edad del Cobre (2 000 - 2 500 a. C.) siendo uno de los más antiguos de la zona y de gran importancia debido al diverso material que se puede encontrar en su superficie.

Se recogieron fragmentos de cerámica en la zona superficial del cerro, tanto en superficie como hasta en un metro de profundidad (aprovechando unas obras que se realizaron en el cerro). En las muestras se encontraron restos de cerámica que se asocia a la Edad del Cobre, tanto por el tipo de cocción de la cerámica como por la utilización en algunas piezas de pequeños trozos de mineral de cobre para reforzar su estructura.

En superficie no se puede ver ninguna formación defensiva que, de haber existido, seguramente habría sido destruida por las labores agrícolas de la zona. Aunque se podrían relacionar algunas rocas de los extremos del cerro con alguna anterior fortificación, debido al tamaño y forma de éstas, aunque ya totalmente deterioradas.

El yacimiento del cerro se deterioró cuando fue utilizado como cantera de piedra para las obras de la carretera N-322. El hecho se denunció y las autoridades pararon los trabajos, pero el cerro quedó dañado de forma irreversible para la excavación en su vertiente oeste

Wikipedia 

domingo, 11 de octubre de 2020

Cabeza Baja de Encina Hermosa - Locubín


Cabeza Baja de Encina Hermosa es un asentamiento arqueológico conocido desde tiempos ascentrales. Se encuentra en el término municipal de Castillo de Locubín (Jaén). Dista en línea recta de unos 7 kms.  de la población de Alcaudete, en sentido noroeste-oeste, y 5,5 kms. de Castillo de Locubín, en sentido sureste. Desde la ciudad de Jaén, se accede por la N-432 hasta la aldea de Ventas del Carrizal, y desde aquí, siguiendo el camino del Cortijo del Baño hasta el cerro.

Se trata de una meseta alargada en sentido noreste-suroeste y presenta en todas direcciones pendientes abruptas. Tiene unas dimensiones de 500 metros en su eje más largo, por unos 270 metros en el lado más estrecho y una superficie de unas 10 hectáreas.

Los arqueólogos destacan especialmente sus valores paisajísticos con una vegetación autóctona de encinar y otras especies propias del monte bajo mediterráneo.

El yacimiento ha sido objeto de algunas limitadas intervenciones arqueológicas e incluso se comenzó a trazar las líneas generales de un Plan Director para abordar el tratamiento integral del mismo desde la investigación y protección a la difusión y puesta en valor, aunque solo se avanzó en ese sentido.

La realización en Cabeza Baja de una excavación de urgencia en 1986, motivada por el incremento y extensión del expolio arqueológico, ofreció una serie de datos arqueológicos claves para definir la entidad del yacimiento. Los datos obtenidos en la excavación señalan que el oppidum de Cabeza Baja de Encina Hermosa se funda entre finales del siglo III a.C y mediados del siglo II y desarrolla un poblamiento que debe seguir a grandes rasgos el típico urbanismo ibero del Alto Guadalquivir.

La primera ocupación continuada de Cabeza Baja (principios S.II y finales del S.III a.C) fue probablemente por contingentes de origen túrdulo llegados desde Obulco, si bien no hay que destacar otros núcleos como Iponoba, Tucci o incluso los núcleos ibéricos de Alcalá la Real.

Las excavaciones señalaron la existencia de diversas estructuras; se demostró la existencia de una muralla ibérica alrededor de la meseta. El espesor de la muralla puede estimarse en 3 metros.

El hallazgo de un nivel de incendio se señalaba como posible causa del abandono de estas dependencias.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Arte rupestre de los valles de Otíñar, en Jaén

Se denomina arte rupestre de los valles de Otíñar, en Jaén, al conjunto de estaciones con representaciones de arte parietal prehistórico (pinturas y petroglifos) localizadas en los valles que alimentan al río Quiebrajano a su paso por el señorío de Otíñar.


Los valles del señorío decimonónico de Otíñar se sitúan en la Sierra de Jaén, en los arranques septentrionales de la Sierra Sur y articulados en torno al río Quiebrajano. Los sitios arqueológicos prehistóricos, conocidos en este territorio desde la década de 1970, parten desde el neolítico, momento en el que el paisaje empieza a ser conquistado simbólicamente a través de las marcas culturales de sus pobladores. No obstante, las manifestaciones artísticas conocidas en la actualidad podrían adscribirse –según los investigadores– a la Edad del Cobre, vinculándose al poblado fortificado de esta etapa prehistórica asentado en la ladera del cerro Veleta, y del que en la actualidad es reconocible la muralla y uno de los dólmenes de su necrópolis, construcciones ambas ubicadas en el denominado Collado de los Bastianes.

La totalidad de estaciones, se encuentren o no inventariadas e incluso descubiertas, están declaradas Bien de Interés Cultural en virtud del punto 2º del artículo 40 de la Ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español (BOE núm. 155, de 29 de junio): «Quedan declarados Bien de Interés Cultural por ministerio de esta Ley las cuevas, abrigos y lugares que contengan manifestaciones de arte rupestre».

Su anotación en el Registro de Bienes Inmuebles del Ministerio de Cultura, se realiza con la categoría de Monumento. Es de aplicación, por tanto, el régimen de protección otorgado a los inmuebles declarados Bien de Interés Cultural, categoría Monumento.


Soporte geográfico

El Señorío de Otíñar se ubica en el término municipal de Jaén. Sus límites legales fueron establecidos en 1827, un año después de que se concediera la villa a favor del primer barón, Jacinto Cañada Rojo. El único acceso a la zona se realiza a través de la carretera comarcal 2222, Jaén - El Parrizoso, situándose la aldea en el kilómetro 13.

Físicamente, el territorio forma parte de las estribaciones septentrionales de la Sierra Sur. Su red fluvial, el curso alto del río Guadalbullón, está formada de oeste a este por río Frío, río Quiebrajano y río Campillo, siendo este último valle, más abierto, el que ofrece continuidad hacia Sierra Mágina. Morfológicamente, la cuenca posee como eje el Quiebrajano, caracterizándose por un relieve margocalizo definido por la presencia de valles de montaña de geología antigua. La predominancia de abruptos relieves labrados por el agua, favorece la formación de numerosos abrigos y cuevas, elementos donde se sitúan la mayoría de las representaciones de arte rupestre que están inventariadas.

El total de seis conjuntos rupestres conocidos en el territorio de la aldea de Otíñar están incluidos en buena medida dentro de los límites del señorío decimonónico, el cual a su vez responde a una evidente diferenciación geográfica. Este paisaje arqueológico queda delimitado, siguiendo los topónimos publicados por Narciso Zafra (Zafra, 2004), al norte y este por los farallones del Cerro del Frontón y de la Cinta del Fraile y la Bríncola respectivamente. Al oeste es una cadena de elevaciones (Salto de la Yegua, Peñón del Beltrán, Cerro y Puntalón de la Matilla) las que definen una cuenca visual que coincide con un cambio de vegetación de alta montaña en el ascenso hacia La Pandera. Al sur, las vegas del río Quiebrajano se encajonan en su curso superior mediante otras alturas que igualmente permiten cerrar un paisaje aislado (Cerro de Peñablanca, Poyo del Gallego o Peñón del Sombrero).

Fuera de estos límites, la cuenca alta del río Guadalbullón estructura otros conjuntos rupestres en los que, al norte, destaca el de Noalejo y, al sur, los de río Frío, Peñas de Castro y la Mella. El río Campillo divide otra tipología de ocupación del territorio, la catalogada en Sierra Mágina, con una localización más caracterizada por criterios de amplio control visual (Abrigos de la Serrezuela de Pegalajar; Soria et alii, 2002) que de dominio de inmediatas rutas de acceso y tránsito a los recursos, como ocurre en los valles occidentales del Guadalbullón. Esta discriminación responde a las propias diferencias geomorfológicas de ambas cuencas: la primera de relieves abruptos y encajados, frente a los más suaves y amplios de la segunda, lo que caracteriza a dos vías de paso norte-sur distintas que causan modelos de ocupación igualmente dispares.

Lugares que ver

jueves, 13 de agosto de 2020

Cerro Miguelico - Torre del Campo


■ Situado junto al núcleo poblacional de Torredelcampo, ofrece un completo dominio de toda la campiña.
■ Cerro Miguelico alberga importantes vestigios históricos de los primeros asentamientos de la zona.
■ Actualmente se conserva parte de la muralla ciclópea del Oppidum Ibérico fundado en el siglo VI a.C.
■ De la ocupación visigoda -entorno a los siglos VI y VII- se conserva una necrópolis que cuenta con unas 20 sepulturas -de distintos tamaños- excavadas en roca. También cuenta con varias sepulturas correspondientes a la ocupación islámica -de los siglos VIII al IX-, distinguiéndose por la orientación de las mismas.
■ El cerro está actualmente acondicionado como zona de esparcimiento, contando con merenderos y un maravilloso entorno natural que hacen de él un lugar ideal para pasar un día de campo.

domingo, 17 de mayo de 2020

Santuario ibérico de Collado de los Jardines (Santa Elena, Jaé


El santuario ibérico de Collado de los Jardines se sitúa en un abrigo rocoso de Sierra Morena, en el llamado Escalón de la Meseta, en el borde septentrional, donde una serie de sierras cuarcitosas, alineadas de este a oeste y cortadas por arroyos en profundos hoces o estrechos valles (Despeñaperros, Valmayor), conforman un relieve abrupto y sobre elevado de su entorno.
La fundación del santuario de Collado de los Jardines, así como el de la Cueva de la Lobera se fija a inicios del siglo IV a.C., momento en el que en el registro arqueológico se observa un nuevo proceso de apropiación del territorio político a manos de uno de los grandes oppida del Alto Guadalquivir: Cástulo. Esta ciudad ibera lidera un proyecto de expansión y control de la zona más oriental de la provincia de Jaén, en el que los santuarios de Collado de los Jardines y la Cueva de la Lobera se convierten en piezas claves: delimitadores ideológicos y fronteras físicas, al mismo tiempo que espacios de peregrinación, en el que se desarrollaban los ritos importantes para las comunidades que integraban este territorio político.
Con respecto a su ubicación territorial, ambos espacios de culto se asocian a dos de los principales corredores de acceso al Alto Guadalquivir y, por tanto, al territorio de Cástulo, ubicación que evidencia el vínculo entre estos enclaves sagrados y los pasos naturales. Castellar se relaciona con una de las principales vías de comunicación del Alto Guadalquivir, que pone en conexión esta área con Ciudad Real a través de Villanueva de los Infantes. Un importante corredor que se ha identificado con la Vía Heraclea. Con respecto al camino que transcurre por Collado de los Jardines, recientes trabajos la definen como una posible ruta secundaria, relacionada con las explotaciones mineras romanas de la Comarca de Sierra Morena y con el probable emplazamiento de una estructura campamental de época republicana en el entorno del santuario.
Desde el punto de vista estructural y organizativo el santuario se organiza en torno a varias terrazas y se relaciona con la existencia de manantiales de agua, lo que le vincula a cultos de tipo curativo, pero también a rituales relacionados con el paso de edad, de gran importancia ritual en el conjunto de las prácticas documentadas en estos contextos. En relación al culto desarrollado se han documentado gran cantidad de exvotos de bronce. Los exvotos, en sus numerosas variantes figurativas (entre ellas también las zoomorfas) y esquemáticas, representan la idea de ofrenda personalizada del/de la dedicante y de sus peticiones que se ofertan en concepto de sustitución e idealización de la plegaria. Son elementos que publicitan el carácter benefactor de la deidad o deidades, imágenes hechas para la divinidad, entendidas dentro de una colectividad o comunidad, pues la sociedad refleja en ellas sus actitudes, sus comportamientos.
Respecto a la posible existencia de un poblado de época ibérica asociado a la cueva-santuario, las únicas evidencias que actualmente se observan en superficie se localizan en la cumbre del Cerro del Castillo. Este sitio, de pequeño tamaño, difícilmente clasificable como un oppidum, queda protegido por defensas naturales y se encuentra muy deteriorado por una intensa actividad clandestina, que ha dejado en superficie un caos de piedras pertenecientes a las construcciones que han sido desmontadas durante años de expoliación, junto a una reducida presencia de cerámicas de tradición ibérica. Si bien resulta difícil caracterizar el poblado de época ibérica y romana, este objetivo se complica al tratar los problemas arqueológicos que plantea la existencia de un castillo en la zona de la acrópolis, que daría nombre al cerro que domina la cueva-santuario.

Europeana

martes, 12 de mayo de 2020

Necrópolis ibérica de Piquía (Arjona)

La necrópolis ibérica de Piquía se sitúa en el término municipal de Arjona ( Jaén), a poco más de 1 kilómetro y medio al noroeste del casco urbano, próxima al cruce entre la A-305 (Arjona–Andújar) y la A-6176 (Arjonilla), en el denominado “Camino Antiguo de Arjonilla”. Está emplazada en una zona de ladera suave, con una conexión visual directa con el núcleo urbano de Arjona, situado sobre el oppidum ibérico.
En el año 2010 una avalancha de agua hizo aflorar algunas de las tumbas de la necrópolis, lo que propició una intervención de urgencia por parte del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén. Como consecuencia de la intervención de urgencia se excavó una super

Europeana

jueves, 23 de abril de 2020

Exvoto femenino de Castellar de Santisteban

Esta figurita sin cabeza, semiesquemática y desproporcionada, se muestra desnuda frontalmente. Una incisión indica la vulva y las manos se cruzan sobre el pecho. Los pies desnudos y las piernas flexionadas otorgan junto con las manos viveza y movimiento a la figura. Resaltan su vertiente de mostración sexual. 
El tipo responde a la vieja tradición oriental de la divinidad de la fecundidad resaltando sus pechos. Conocemos un similar esquema en bronces de época orientalizante del sur ibérico, como en la posible muchacha sustentadora de un timiaterio y en otros exvotos. 
Conocemos además una amplia serie de exvotos femeninos con las manos ocultándose los pechos.
Estamos ante una representación ambigua: ¿es la figura divina la que aquí se representa? ¿es su sierva, que reproduce el gesto de su señora y lo propaga? ¿o es la mujer, la oferente, que imita a la vieja diosa en este símbolo para propiciar su fecundidad personal? ¿Dónde establecer los límites entre lo modélico y lo individual?.

Almendró.com

domingo, 8 de marzo de 2020

Yacimiento de Cuesta del Parral Arjona

Sin duda estamos ante una de las zonas con mayor riqueza arqueológica del término Municipal de Arjona, el sitio arqueológico denominado como "Cuesta del Parral", incluido dentro del catálogo de Patrimonio Inmueble de la Junta de Andalucía.
Este yacimiento arqueológico se diferencia del resto de los hallados en Arjona por encontrarse elementos distintos en lo referente a la cultura material. Principalmente se hallaron restos líticos en sílex, como cuchillos, puñales con escotadura, junto restos de lo que parecía ser un enterramiento colectivo excavado en la roca del lugar con puerta cuadrada. De estos hallazgos no ha quedado nada más que su aparición en distintas publicaciones de historiadores locales.
Los restos hallados nos indican un contexto funerario colectivo enmarcado en el período Calcolítico

VISITA ARJONA

jueves, 13 de febrero de 2020

Santuario ibérico de Collado de los Jardines


  • Ubicado en la Cueva de los Muñecos en la ladera sur del Cerro del Castillo.
  • Se conoce desde el siglo XIX.
  • Uno de los tres grandes santuarios ibéricos que hubo en la península.
  • Para los santuarios ibéricos se elegían lugares que asociaban los elementos de cueva, agua y bosque.
  • En estos se pensaba que residía la divinidad, y la población acudía con sus ofendas (exvotos).
  • Se han encontrado multitud de exvotos ibéricos de bronce (más de 2000 exvotos), estos se extrajeron de la Cueva de los Muñecos.
  • Los exvotos de bronce son de entre 8 y 18 centímetros.
  • Representan a hombres y mujeres oferentes, sacerdotes y guerreros, además de partes del cuerpo humano y objetos. También aparecen guerreros montados a caballo asociados a algún culto heroico.
  • Los exvotos de los santuarios cristianos son descendientes de estos.
  • Forma parte del conjunto el poblado que hay en el cerro anejo del castillo, excavado en 1916, donde aparecieron una muralla, un recinto sagrado y una fundición de exvotos metálicos.
  • Es posible que este santuario se remonte al siglo V a.C. aunque las estructuras de construcción aparecidas en las excavaciones corresponden a los siglos IV y III a. C.
  • Se puede llegar a él por el sendero de la Cueva de los Muñecos señalado por la Consejería de Medio Ambiente, parte de la carretera de Aldeaquemada desde un edificio construido para el centro de interpretación y en estado de abandono.
  • El sendero tiene dos partes: una descendiente a la Cueva de los Muñecos y la otra asciende al Cerro del Castillo
  • La longitud del sendero es de 2200 metros con dificultad media debido a la pendiente.
  • Toda la zona está llena de agujeros ocasionados por los expoliadores en busca de tesoros.
  • En ella se encuentra las Pinturas rupestres de la Cueva de los Muñecos.
  • Código PIA 230760006.
Francis