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sábado, 26 de octubre de 2019

Cueva el Caballón - Oña

Son esencialmente dos los abrigos rocosos encuadrados en el término municipal de Oña, que han arrojado la presencia de restos adscritos al arte paleolítico: la Cueva de El Caballón, La Blanca y la Cueva Los Moros o de Penches.          
La primera fue descubierta y excavada en 1.916 por varios padres jesuitas. Destacaban numerosas azagayas y una pieza singular: un bastón de mando perforado con el grabado de una cabeza estilizada de rumiante, realizado sobre un candil de ciervo pulido, hoy en día se encuentra en paradero desconocido.           
En definitiva este podría haber sido "uno de los complejos de cavernas más interesantes del país, si las circunstancias de su descubrimiento y excavación hubieran sido distintas." La Cueva de El Caballón es "el único yacimiento con niveles del Paleolítico Superior, que en el contexto de la Meseta se podría incluir, con alguna reserva, dentro de un periodo cultural concreto: entre el Magdaleniense medio y el superior". El hito más importante y relevante de los conservados en Oña y que hacen referencia a la época antigua, es la conservación en la Iglesia de San Salvador de tres aras del siglo III D.C. Fueron encontradas en la cercana localidad de Barcina de los Montes (9 kms.), y hoy por hoy son el único elemento que permite atestiguar la procedencia del topónimo La Bureba, comarca cerealística de la provincia de Burgos y en la que históricamente ha estado encuadrado Oña.         
Las mencionadas aras, latinizadas, proceden de la tribu indígena de los Autrígones, pobladores de esta zona de la provincia de Burgos hasta y durante la presencia de los romanos en la península ibérica. En ellas aparece la presencia de un dios llamado VUROVIO, deónimo que con el tiempo fue derivando y mutando hasta convertirse en Bureba y así dar nombre a la ya citada comarca. La importancia de estas aras radica en que constituyen el único elemento que permite conocer la procedencia de este topónimo.

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domingo, 20 de octubre de 2019

Altar rupestre en el Cerro de San Mateo

 "La prehistoria abulense no deja de ofrecer nuevos datos para que podamos seguir ahondando en su conocimiento, siempre escaso. El último hallazgo que ofrece nueva y muy interesante información sobre aquellos lejanos antepasados nuestros lo ha realizado el maestro Julio Collado, y se trata, ni más ni menos, que de una roca viva tallada que, según todos los indicios, fue en un pasado bastante lejano un altar rupestre para la realización de actos rituales. Julio Collado explicó que descubrió en el Cerro de San Mateo una roca, «solitaria en su entorno», que reunía una serie de características especiales que le hicieron pensar que podía tratarse de un altar prehistórico. Esas peculiaridades, explicó, se resumían en la existencia en la citada piedra de una especie de visera bajo la que se encontraba, a la altura del pecho de una persona adulta, una pequeña pileta de entre diez y quince centímetros de profundidad y de forma rectangular, pero con los ángulos redondeados, de la que salía un pequeño canal perfectamente identificado y de la misma hondura. Convencido de que las hendiduras que mostraba esa piedra «no eran naturales, porque se descubría la mano del hombre», y viendo que apoyaba su primera intuición el hecho de que al lado pueden verse aún los restos de una cantera abandonada, Julio Collado puso su descubrimiento en conocimiento del arqueólogo territorial de la Junta de Castilla y León, Francisco Fabián, el cual le confirmó sus sospechas. El propio Fabián manifestó a este diario que la piedra en cuestión se trata, casi con toda seguridad, de «un altar rupestre ritual y no de uso funcional» que, a la espera de que sea estudiada más en profundidad, es posible que pueda asociarse, por su proximidad geográfica, con el cercano yacimiento de Bascarrabal, unos terrenos que fueron ocupados entre los años 4.000 y 800 antes de Cristo para aprovechar la malaquita de la zona. Calificó Francisco Fabián este descubrimiento de «muy interesante», puesto que ofrece nuevos datos «para estudiar el mundo de las ideas de nuestros antepasados»."

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martes, 15 de octubre de 2019

El Chorrón (Valle de la fertilidad)

Los celtas adoraban las piedras, los montes, las cuevas, las fuentes, las aguas, los árboles. De los antiguos cultos a las aguas fecundadoras, creadoras, prolíficas, salutíferas y sanadoras nos han quedado miles de indicios como los santuarios colocados junto a  un manantial, canciones, leyendas y tradiciones.
Por el camino que lleva a este paraje tan peculiar nos encontraremos fuentes y muchos indicios de que la zona era rica en agua. Hay una piedra con forma de pedestal que esta echa de una sola pieza y otra piedra gigante con forma de falo, lo que nos sugiere viejas hidrolatrías y litolatrías. No tenemos ningún dato certero y no hay bibliografia ni estudios del lugar, pero nos parece que los merece. 


Cómo llegar
A  Paones, se llega desde Berlanga, por la carretera que parte de las escuelas en dirección Retortillo y Tiermes, tras siete kilometros.
En Paones dejaremos el coche y subiremos la cuesta de Espioja, tras la que nos desviaremos por un camino que sale a la izquierda que lleva a un monte de carrascas. Seguimos este camino y nos desviamos por el segundo camino que sale a la izquierda. Tras quinientos metros de marcha habremos llegado

Celtiberia Net - Axinio y Ermengardo I

sábado, 25 de agosto de 2018

Cueva del Ojo de Pradejón - Paones

El paraje de la Cueva del Ojo está en el término de Paones, ayuntamiento de Berlanga de Duero, y se llama así por un agujero redondo de unos dos metros de diámetro que el agua del arroyo del Pradejón, ahora seco, hizo en un tolmo que le cortaba el paso.
La cueva es pequeña y de baja altura, su entrada está rodeada de una pared de piedra, pero lo mas importante es un grabado rupestre que hay en la entrada, y que representa dos figuras humanas unidas. La secular ignorancia del dominguero depredador ha hecho de las suyas pintando y haciendo rayajos encima de las pinturas. Recientemente Gómez Barrera ha hecho un estudio de la cueva, que no he podido encontrar.
Junto a la cueva hay tambien una curiosa formación  de piedras que da la impresión de ser un dolmen. 
Frente a la cueva, en lo alto de risco, hay restos de una pequeña construcción de forma circular, posiblemente un refugio de pastores.
En el camino también se encuentra un abrigo pastoril aprovechando una cueva. Toda la zona es un paisaje espectacular, con riscos y cañones, destacando la Buitrera y la senda Salinera que discurre pegada al rio Talegones.

(Celtiberia.net - Axinio y Ermengardo I)

sábado, 16 de septiembre de 2017

Castro de Villasviejas del Tamuja - Botija

El castro de Villasviejas del Tamuja se encuentra a unos 3 kilómetros de la localidad cacereña de Botija, pudiéndose llegar a él por una pista de tierra en buen estado. Destacar que buena parte de sus materiales y aún de sus estructuras han sido reutilizadas para la construcción de corrales para el ganado ovino propio de la zona. Ubicado en la superficie de una colina ancha pero de escasa altura, la suave pendiente de sus laderas no ofrece especiales ventajas desde el punto de vista de la fortificación con la única excepción de su frente occidental, bastante más agreste al discurrir por su parte inferior la delgada corriente del río Tamuja. 
A juzgar por los restos de muralla conservados, en su mayoría derrumbes de más de 2 metros de espesor, el castro contó para su defensa con dos recintos concéntricos situados a diferente cota. Totalmente colmatados en la actualidad los espacios situados al pie de las murallas –en su lado interior se entiende--, formando así una suerte de muros de contención del terreno, es posible caminar por sus maltrechos adarves, sin duda fuertemente disminuidos en altura. Aunque se han excavado recientemente algunas estructuras de habitación en el interior del castro, con interesantes hallazgos, así como la necrópolis de incineración del poblado, es evidente que lo más llamativo del yacimiento son sus derrotadas murallas. Sin embargo no por ello deja de ser menos cierto al avanzado grado de deterioro que éstas presentan, permitiendo tan sólo en algunos lugares puntuales reconocer la fábrica de sus paramentos, a saber un frente exterior ejecutado en granito con bloques prismáticos de buen tamaño –aunque no ciclópeo—, en no pocos casos bastante bien labrados así como colocados a hueso, relleno al interior con mampostería irregular y tierra. A día de hoy es imposible determinar las características del intradós de la muralla, es decir el paramento que cerrara por dentro la fortificación, al estar del todo terraplenado. No obstante es dable suponerle unas características constructivas similares a las del extradós, quizás, si acaso, algo más tosca de ejecución según paralelismos con otros castros contemporáneos. 
Históricamente los restos de Villasviejas del Tamuja ha sido identificadas con la ciudad vetona de Tamusia, sin duda siguiendo la evidencia proporcionada por el actual hidrónimo Tamuja. 
Las últimas excavaciones han arrojado un periodo de vigencia de la ciudad que va desde el siglo IV a.C. en que fuera fundada hasta el siglo I a.C. en que se constata su abandono. Afectada, pues, por la romanización de la zona tras su conquista por las legiones romanas en el siglo II a.C., se cree que tuvo su principal motor dinámico en la explotación de los yacimientos de plomo argentífero –mena de plata—existentes en la comarca. 
A su época clásica pertenecen de hecho las monedas –ases concretamente—acuñadas tanto en el siglo II a.C como en los inicios del I a.C. y que grabadas respectivamente con el nombre latino de Tamusiensi y céltico de Tnusia --TANUSIA en caracteres ibéricos—revelan un momento álgido de la ciudad de Tamusia, lo suficientemente importante en aquel entonces como para labrar moneda de curso legal.

(Celtiberia.Net)