El Acequión es la motilla más oriental
del conjunto y la única que se ubica fuera de los Acuíferos 23 y 24. Se asienta
en el centro de la pequeña laguna homónima. Se trata de una prominencia del
terreno que frecuentemente ha estado rodeada de agua, aunque el nivel de agua de
la laguna debió ser muy sensible a las oscilaciones pluviométricas.
El poblado presenta una planta
circular de unos 3.000 m2 y el clásico perfil cónico de las motillas. Cuenta
con dos anillos de murallas aproximadamente circulares que rodean un espacio central diáfano de algo más de 20
metros de diámetro. La muralla interior alcanza los cinco metros de alzado y
los seis de anchura, resultando realzada y engrosada a lo largo de la vida del
poblado.
El Acequión carece de torre central.
La fase más antigua es la peor
conocida, debido a que sólo pudo documentarse en cotas profundas y en una muy
reducida extensión del patio central; no fue posible estudiar los niveles de
base del yacimiento con la extensión necesaria.
Se trata de una investigación que
«finalizó sin llegar al final». De aquel momento los análisis polínicos
reflejan un proceso de deforestación del bosque autóctono de pinos, encinas y alcornoques,
así como la puesta en cultivo de espacios próximos al yacimiento.
Una segunda fase del poblado, datada
mediante C-14 en torno a 1745 a. C., se caracteriza por una recesión de la
población, la ruina de parte de la fortificación y, en consecuencia, la recuperación
del bosque autóctono y el descenso de la acción antrópica sobre el entorno, tal
y como confirman los análisis polínicos.
La tercera y última fase prehistórica
es la mejor conocida y supuso el momento de mayor expansión del poblado. Se construyó entonces
el anillo exterior de la muralla y se levantaron nuevos lienzos sobre los derrumbes de la fase
anterior. El polen arbóreo de nuevo disminuyó, a la par que se incrementó el de
gramíneas, junto al de las cuales se documenta por vez primera el de
leguminosas.
Ello indica una intensificación de las
actividades agrícolas. Esta fase concluyó en torno al 1500 a. C. con un lento
abandono y el descenso paulatino de la superficie habitada.
Tras varios siglos de abandono, El
Acequión volvió a ser ocupado durante la Edad del Hierro por varias familias,
cuyas viviendas se situaron encima de la prominencia surgida por la ruina del poblamiento anterior.
Confiamos en que alguna vez se darán
las circunstancias que permitan concluir la investigación de este excepcional
yacimiento localizado en el término municipal de Albacete, que en el pasado se
pensó convertir en parque arqueológico pero que hoy se ve sumido en la
destrucción y el olvido.
(Primitiva Bueno)
Se emplaza en pleno cauce del río Guadiana.
Las excavaciones arqueológicas en esta motilla comenzaron en 1984 y finalizaron en 1991. Sus investigadores detectaron una torre central de reducidas dimensiones rodeada por dos recintos de muralla, entre los cuales se estableció la actividad más intensa de este asentamiento. Además se registró una estructura correspondiente a la Edad del Hierro a modo de rampa, interpretada como varadero situado al pie de la motilla construido para facilitar el acceso al núcleo de habitación desde el río Guadiana.
Aunque esta motilla ha sido situada por Nájera y Molina en el término municipal de Tomelloso,
se localiza realmente en Argamasilla de Alba, en un lugar situado junto al cauce del río
Guadiana. Vecinos del lugar testimonian la existencia aquí de una motilla hoy desaparecida.
Un grupo de "Misión Rescate" excavó en ella varias catas, de las cuales fue recuperado material arqueológico de la Edad del Bronce. El director de esa actividad recuerda haber visto estructuras circulares con aspecto de redil.
El yacimiento debió ser desmantelado en la década de los setenta para optimizar las labores agrícolas.
(Primitiva Bueno)
Se halla en la confluencia de los ríos
Gigüela y Guadiana. Sobresale 6 metros por encima de la llanura aluvial del
Guadiana.
Excavadores furtivos abrieron dos grandes
agujeros en la parte superior de sus laderas, que afectaron una probable torre
central, que ya estaba destruida por potentes incendios.
La Universidad de
Granada organizó cuatro campañas de excavación sobre esta motilla en tre 1983 y
1986, desarrolladas con carácter de urgencia debido a la construcción de la
Presa de Puente Navarro. Esos trabajos permitieron identificar dos potentes
fortificaciones superpuestas adscritas a la Edad del Bronce y a la Edad del
Hierro. Además, varios recintos bajomedievales coronan la motilla.
La zona inferior de la
motilla está rodeada de una potente muralla de la Edad del Bronce.
Para 1989 fue
programada una nueva campaña de excavaciones que fue imposible acometer,
debido a la inundación de la parte baja de la motilla con motivo de la
construcción de la presa antes señalada.
Entonces, de forma
ejemplar, se consideró que la mejor forma de preservar las estructuras
arqueológicas era rellenar de nuevo con tierra las catas abiertas, separando
estos aportes de los paquetes arqueológicos no excavados mediante un estrato de
intervención compuesto por materiales inorgánicos no perecederos. De esa forma
la motilla consiguió de nuevo la fisionomía que presentaba antes del inicio de
los trabajos de excavación.
El pasado 15 de Marzo publiqué unos apuntes sobre lo que son y representan estas peculiares construcciones manchegas. Ahora voy a describir las características de las más importantes siguiendo a Primitiva Bueno en su obra "Arqueología, sociedad, territorio y paisaje"
La del Azuer es la motilla más estudiada y la única que cuenta en la
actualidad con un programa de actuaciones para su investigación y
consolidación.
En 1981 fue incoado expediente para su declaración como bien de interés cultural. En 1988 se abrió el período de
información pública delimitando la motilla y su entorno de protección.
Los artículos 6.3 de la
Ley 4/1990, de Patrimonio Histórico de Castilla-La Mancha, y 9.3 de la Ley
16/1985, de Patrimonio Histórico Español, determinan que el expediente «deberá
resolverse en el plazo máximo de veinte meses a partir de la fecha en que
hubiese sido incoado».
En 2010, veintinueve
años después de aquella incoación, aún no se ha producido su elevación a la
categoría de bien de interés
cultural.
El Departamento de
Prehistoria de la Universidad de Granada ha dirigido la investigación en la
Motilla del Azuer desde 1974 hasta hoy, en un proceso que puede dividirse en
dos períodos. En el primero se sucedieron ocho campañas de excavación y
consolidación entre los años 1974 y 1986. Esta fase se inició con la excavación
de dos grandes sondeos estratigráficos dispuestos en forma de cruceta en
sentido este-oeste y norte-sur sobre el montículo. Más tarde se amplió la zona
excavada abriendo grandes cortes que pusieron al descubierto parte del área de
poblado y la zona del patio oriental. Tras catorce años de abandono, en el año
2000 se reanudaron las investigaciones en una segunda fase de intervenciones
promovidas por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. En esta última
segunda fase de trabajos se han ido alternando los trabajos de excavación con
los de consolidación, restauración y puesta en valor.
En este yacimiento pueden identificarse tres espacios claramente
diferenciados:
El primero de ellos se articula alrededor de una torre central,
protegida mediante varios círculos exteriores de murallas entre los cuales
sucedieron diversas actividades económicas, tales como el almacenamiento de
cereal (trigo duro común, escanda, cebadas vestidas y desnudas) y leguminosas
(lentejas, guisantes y chícharos), además de estabulación de ganado. El hallazgo de hornos entre
estos anillos de muralla parece revelar la realización ahí de otras actividades
económicas, tales como la cocción de cerámica, el tostado de cereales o la
producción metalúrgica.
El segundo de los ambientes está
representado por un poblado localizado alrededor del núcleo fortificado,
habiéndose registrado varias cabañas, hogares y fosas de desperdicios. La mayor
parte de los enterramientos del yacimiento se localizan en esta zona. Por lo
general se trata de inhumaciones en pequeñas fosas ovaladas con ajuares
escasos y sin diferencias relevantes, adosadas por el exterior a los lienzos de
las murallas o a los muros de las viviendas.
Por último, el tercero de los espacios tiene como elemento principal
un gran patio trapezoidal situado al Este de la motilla, en cuyo interior se
abre un profundo pozo que para satisfacer las necesidades de la población
perforó la roca hasta alcanzar el nivel freático del Acuífero 23, que en
aquella época se situaba a casi 20 metros de profundidad.
Es de señalar que la
batería de análisis antra-cológicos de la Motilla del Azuer, efectuada sobre
una importantísima muestra de 2.890 carbones,
destaca por la ausencia de vegetación de ribera. Esta circunstancia extraña,
dada la situación de la Motilla en medio del cauce del río Azuer. Sobre esta cuestión
volveremos más adelante.
La colección cerámica
recuperada en la Motilla del Azuer ha sido objeto de estudio específico. A
partir de los análisis realizados se ha concluido que se trata de una
producción doméstica no estandarizada, con una normalización de ciertos tipos
que cumplieron una función concreta, como las orzas de almacenamiento.
Cuenta el historiador gallego Orosio que cuando Decimus Iunius Brutus. cónsul de roma en el año 138 a.C. y general de las tropas que invadieron Galicia, llegó a las playas del gran Océano Occidental, creyó haber alcanzado el fin del mundo, contemplando estremecido como el sol se hundía en el mar.
Con anterioridad había cruzado el río Limia, que sus hombres tomaron por el río Lethes o del Olvido.
Brutus empuñó el lábaro de la legión y atravesando en la fría corriente comenzó a llamar a los soldados por sus nombres desde la otra orilla para demostrarles que seguía vivo y no había perdido la memoria. Sin embargo no se le borró el susto de ver desaparecer el sol en las aguas y dando la vuelta, regresó a Roma para no volver jamás a Galicia.
Se ignora el lugar exacto del hecho pero pudo ser en el Monte Facho de Donón, un promontorio de la punta de Morrazo que cae a pico en un acantilado de más de 180 m. Desde los tiempos más remotos los hombres de la Edad del Hierro, escogieron el sitio para sus ceremonias religiosas. Desde muy antiguo se conocía la existencia de un santuario romano-galaico pero fue en los años 60 y 70 cuando los investigadores encontraron altares de piedra que se conservan en los Museos de Pontevedra y Vigo. Más recientemente, un equipo interdisciplinar dirigido por José Suárez, hijo de uno de los primeros descubridores, ha acometido la tares de escavar el yacimiento con resultados que, no por esperados, dejan de ser sorprendentes.
En el Monte Facho hubo una población de la Edad de Bronce que llegó a ocupar toda la ladera del monte. Empezaría siendo una lugar de culto al dios celta Berobreo, hasta convertirse en un castro con sus peculiares cabañas circulares ordenadas en terrazas por toda la ladera.
Cuando aumentó la influencia romana y los pobladores se trasladaron a la orilla, el lugar de convirtío en un destino de peregrinación al que acudían los devotos del diós Berobreo a solicitar favores o agradecerlos. En el Facho de Donón han aparecido casi 180 aras votivas, lo que supone más de la mitad de la epigrafía romana de Galicia, lo que le convierte en un yacimiento clave para el estudio de los cultos paganos.
El Tolmo de Minateda es un yacimiento arqueológico en Hellín (Albacete, España) excavado desde el año 1988 por un equipo conjunto de la Universidad de Alicante y el Museo Provincial de Albacete, con financiación y autorización de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Es uno de los Parques Arqueológicos creados por esta Comunidad.
Dominaba el paso de la zona costera del sureste al interior de la Meseta, accesible a través de la vía romana Complutum-Carthago Nova, Carthago Spartaria-Toletum en época medieval. Un ramal de este camino, con profundos surcos labrados por las ruedas de los carros, conducía al interior de la ciudad.
A la entrada del yacimiento las excavaciones han puesto al descubierto tres estructuras defensivas. La más antigua es de los siglos II-I A.C., de forma ataludada y construida con mampostería, aunque en su interior existen vestigios que se remontan a la Edad del Bronce. En época augustea se la revistió de un muro de sillería para conmemorar la concesión a la ciudad del estatuto municipal, seguramente con el nombre de Ilunum. Algunos sillares con inscripción monumental nos han permitido conocer que esta obra se hizo en el año 9/8 A.C., bajo los auspicios del emperador Augusto y la intervención más o menos directa de su sobrino Lucio Domicio Ahenobarbo, gobernador de la provincia.
En el siglo VI de nuestra Era, los restos de este muro se utilizaron en la construcción de un baluarte adelantado en forma de L, con puerta abovedada flanqueada por dos torres. Debió arruinarse pronto, quizás a causa de un movimiento sísmico. Su ángulo septentrional se desmoronó sobre el camino, inutilizándolo.
En la parte alta del yacimiento se ha excavado en los últimos años un importante complejo religioso y palacial de época visigoda. El edificio principal es una basílica de tres naves separadas por columnas, con ábside en la cabecera y baptisterio también tripartito a sus pies. Adosado a su lado norte, un edificio de grandes dimensiones y estructura monumental parece tener funciones de representación, administración y residencia. Es posible que se trate del palacio de la sede de Elo o Eio, creada entre los años 589 y 610 para administrar la parte de la diócesis de Ilici que permanecía en manos visigodas, puesto que el resto estaba en poder de Bizancio. Alrededor del complejo se extendía un cementerio con numerosas inhumaciones, enterramientos reservados a las élites laicas y religiosas, que buscaban la protección de las reliquias de la iglesia.
Tras la llegada de los musulmanes, la ciudad es una de las que se incluyen en el pacto firmado en el año 713 entre el comes o dux Teodomiro y el conquistador Abd al-Aziz ibn Musa. Mantuvo su existencia durante casi doscientos años, aunque la iglesia debió perder pronto su carácter religioso. Su lugar lo ocupó un barrio islámico, hasta que a finales del siglo IX la ciudad se abandonó de manera definitiva. Desde entonces el lugar se conoció como Madinat Iyyuh, nombre del que procede la Minateda actual.
Al sur del yacimiento se encuentra un recinto cerrado por una larga muralla, seguramente el castellum visigodo. Desde aquí puede comprenderse la estratégica ubicación de El Tolmo y su relación con el camino que le dio sentido.
A finales del siglo XIX, las laderas se fueron poblando de casas semirrupestres que llegaron a conformar una pequeña entidad, hasta su abandono a mediados del siglo XX. Dentro del proyecto de El Tolmo de Minateda se ha iniciado la restauración de las mejor conservadas.
Al norte del cerro son visibles vestigios de monumentos funerarios escalonados de época romana republicana, hechos con sillería o adobe. En su interior se encontraba la urna con las cenizas del difunto, junto con su ajuar. Por encima se documentaban niveles de época imperial, con sepulturas de cremación en urnas depositadas en hoyos abiertos en el suelo. Posteriormente se ubicó en el lugar una necrópolis de inhumación, en uso desde la época tardorromana a la islámica. En el mismo cementerio confluían enterramientos de rito cristiano e islámico, algo raramente atestiguado en otros lugares.