sábado, 8 de junio de 2019

Castro de El Cincho - Cantabria

El castro de El Cincho es un yacimiento arqueológico prerromano situado junto a la localidad costera de Yuso, en el municipio de Santillana del Mar, al norte de la Comunidad Autónoma de Cantabria (España).
Se trata de un castro, también llamado oppidum : un asentamiento fortificado característico de los pueblos de cultura o influencia celta durante la edad del hierro.

Ubicación
El yacimiento arqueológico se localiza en un alto dominante de 273 m de altura que se erige frente a la costa, a 1,95 km de distancia de ésta. Se emplaza a menos de un kilómetro del histórico casco urbano de la Villa de Santillana del Mar. El topónimo que da nombre al monte (cincho), y por ende al enclave, proviene del latín cingo (proteger, cubrir, circundar, rodear, ceñir) que hace referencia al cinturón amurallado en torno a la cima. La superficie total del poblamiento supera las 6 ha.

Descubrimiento
En la primavera del año 2014, los arqueólogos Javier Marcos Martínez y Lino Mantecón Callejo descubrieron un asentamiento fortificado y un hábitat castreño en el monte costero de El Cincho. Inmediatamente comunicaron el hallazgo ante la Dirección de Cultura de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria. Este altozano posee una privilegiada situación geo-estratégica de la cuenca baja del río Besaya, con un dominio visual del territorio que alcanza más allá de los límites geográficos de la comunidad cántabra. Esta una de las razones que justifican la existencia del castro.]​

Yacimiento
En este lugar fue uno de los principales castros del pueblo prerromano de los cántabros. Este pueblo de cultura celta o celtíbera fue, junto a los astures, el último pueblo de la península ibérica que fue conquistado por el imperio romano (durante el período transcurrido del año 29 a. C. al 19 a. C., conocido como las Guerras Cántabras, Bellum Cantabricum et Asturicum). De aquel asentamiento persisten importantes vestigios arquitectónicos y múltiples objetos de cultura material. Unas ruinas que son todavía reconocibles en la cima del monte, integradas en el paisaje costero de Santillana del Mar.
Se han desarrollado varias campañas arqueológicas desde el año 2014, realizando labores de exploración del terreno, trabajos de limpieza y desbroce vegetal, varios sondeos con metodología arqueológica y otra serie de labores de sistemática científica. En este tiempo se ha logrado desvelar una estructura de muralla, cuyo trazado circunvala la cumbre de la montaña, en la que se han reconocido dos momentos constructivos. El más antiguo se corresponde con la fase de la Protohistoria, conformado por un modelo arquitectónico de muros con relleno de tierra y arcilla apisonada, junto con un probable armazón de troncos de madera, que en conjunto alcanzaba los 3,75 m. de anchura. Un sistema constructivo que las fuentes clásicas denominaban como muro gálico. La segunda fase está compuesta por una muralla con zócalo de piedra de 2,5 m. de ancho.
La investigación ha logrado localizar arqueológicamente una de las puertas del recinto fortificado de la Edad del Hierro, conformada por una entrada en pasillo entre murallas, junto con importantes trabajos de desmonte para generar un aterrazamiento. Igualmente, se ha registrado y verificado una segunda línea de muralla que refuerza el sistema defensivo del castro, localizada en el flanco más desprotegido. En este mismo sentido, los investigadores sostienen que tal vez se aprovechó la quebrada superficie del relieve del karst como sistema defensivo, al modo de los denominados campos de piedras hincadas tan usuales en las fortificaciones de las comunidades prerromanas. En este caso, estaríamos ante la primera constatación de este modelo en tierras de los cántabros. El castro de El Cincho posee otros elementos de interés: cueva situada en el interior del recinto, posible existencia de una acrópolis y un antemuro, entre otros.
Quizás nos encontremos ante uno de los enclaves más importantes de la Protohistoria de la región. Perteneció a una tribu cántabra (grupo étnico o populi que habitó la cuenca del río Besaya y fue generadora de las famosas estelas discoideas), ya que como sostienen sus investigadores el enclave arqueológico puede ser considerado un castro de castros.[4]​

Materiales arqueológicos
El Cincho ha sido ocupado en distintos momentos de la Historia de la Humanidad, desde el Paleolítico Inferior hasta la Edad Antigua. Los vestigios recuperados son de muy variada tipología: industria lítica, cerámica a mano, elementos metálicos, etc. Un notable hallazgo es un molino giratorio con clavija, del que se conservan las dos valvas pertenecientes a un descubrimiento realizado por el escultor Jesús Otero, en 1953.
Una pieza muy especial que destaca por su relevancia es la manilla de un escudo (scutum o caetra). Se trata de un conjunto de piezas machihembradas, una anilla de hierro, tachuelas de cobre con función ornamental y restos de madera adheridos; que se han identificado como un aplique para la sujeción y suspensión de las correas de un escudo (cinchas de tiracol o telamón). Por paralelos en el mundo celtibérico, se sostiene que estos objetos metálicos se relacionan con la pieza de un escudo circular celtíbero que consistía en un par de piezas gemelas de hierro con una anilla cada una, que servían para la sujeción de las correas de las que, en bandolera, llevaba el guerrero suspendido el escudo, tanto a pie, como a caballo. La cronología de este objeto se puede enmarcar entre los siglos VI a III a. C. (Segunda Edad del Hierro) según los paralelos hallados en la península ibérica.

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Castro Chao Sanmartín - Grandas de Salime

Datado desde a. del siglo IV a. C. hasta el siglo II
Situado a 6 km de Grandas de Salime. Formado por edificaciones redondas y rectangulares de esquinas redondeadas, destacan unos baños y una plaza de uso público cubierta de lajas de pizarra. Tiene una muralla y un profundo foso.

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jueves, 6 de junio de 2019

Castro de Torre Beteta - Villar del Ala


Cuenta también Villar del Ala con los restos del castro de Torre Beteta, en la ladera norte de la sierra de Carcaña, cerca de la ermita de Azapiedra, desde donde es visible la ciudad celtíbera de Numancia, a tan sólo unos kilómetros de distancia.

Guía de Soria 

Castro de Salcido - San Tirso de Abres



Tenía un perímetro amurallado con un grosor superior a los 3 metros. Sus habitantes realizaban labores extractivas y de transformación.

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miércoles, 5 de junio de 2019

Castro de La Coronilla - Chera

Chera es una pequeña entidad​ perteneciente al municipio de Prados Redondos (Guadalajara, España), cruzada por el río Gallo, afluente del Tajo en lugar arriscado y muy frondoso. En la actualidad se compone de unas cincuenta casas de las cuales unas pocas están habitadas en invierno y durante el mes de agosto se produce una ampliación de población hasta las cuatrocientas aproximadamente.
En sus alrededores se encuentran unos restos celtíberos en un paraje conocido como El Castro de la Coronilla, una colina que en su parte superior tiene restos de tumbas prehistóricas.

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Castro de El Castello - Tapia de Casariego


Situado en Campos y Salave.

El Castelo de El Esteiro
Castro de El Castelo o El Esteiro. El Castelo de Calambre o de El Esteiro, concejo de Tapia de Casariego,  pertenece al grupo de yacimientos denominados genéricamente como “castros marítimos”. Se alza al oeste de la playa de La Paloma delimitado por un extenso conjunto de fortificaciones con varios fosos, parapetos y muralla.
José Antonio Labandera Campoamor realizó excavaciones en el recinto entre 1969 y 1970 cuyos resultados dio a conocer en diversos artículos. Se descubrieron entonces varias casas y una cabaña circular. Años más tarde, en 1995, Elías Carrocera Fernández amplió el área hasta entonces excavada si bien estos trabajos permanecen inéditos.

Castros de Asturias

Castro de Berreaga - Vizcaya

Está situado en el monte que separa Munguía y Zamudio.
Desde Artxanda, mirando hacia el aeropuerto de Loiu, se distingue una pequeña cadena montañosa que cierra el valle del Txorierri y lo separa de Mungia. Una de las cimas, de poco más de 360 metros de altitud, el monte Berreaga, se diferencia por su escarpada ladera. Allí se han encontrado huellas de la ocupación humana desde la Edad de Hierro, entre el siglo III y el I antes de Cristo, y la mejor colección de estelas funerarias de ese período halladas en Bizkaia. Este mismo mes, un grupo de arqueólogos ha iniciado una intervención en el denominado castro de Berreaga, que deberá determinar si toda la superficie afectada debe contar con protección como bien cultural.
Los estudios anteriores hallaron restos de 150 esculturas funerarias
Las primeras referencias históricas sobre el enclave datan del siglo XVII
Los arqueólogos trabajan sobre una superficie de unas nueve hectáreas, repartidas en los términos municipales de Zamudio, Mungia y Gamiz-Fika, para aclarar dudas sobre los límites del recinto fortificado y cerrar el expediente administrativo de protección.
Las primeras referencias del enclave datan del siglo XVII. Esos documentos históricos ya citan la existencia de lápidas y sepulturas, aunque sin determinar si son de la época medieval o anteriores. Las excavaciones comenzaron a finales de los años ochenta; posteriormente, hubo otras intervenciones, que finalmente se abandonaron en 1994. Los arqueólogos que trabajan para la Dirección de Patrimonio Cultural iniciaron hace un par de semanas una exploración sistemática del castro y tendrán finalizada la excavación antes de finales de noviembre.
Berreaga se encuadra en la treintena de castros de la Edad de Hierro que se han localizado en el País Vasco, como el de Arrola, en Nabarniz, o el de Malmasin, en Arrigorriaga. “Con los datos que tenemos podemos datar el castro de Berreaga entre los siglos II y I antes de Cristo”, explica el arqueólogo de Patrimonio Cultural Armando Llamosas.
Las actuaciones arqueológicas en Berreaga han sacado a la luz restos de murallas y foso, del poblamiento y la necrópolis. Como resultaba habitual en la época, la necrópolis se encontraba cercana al poblado, en el camino de acceso. Las roturaciones en esa zona del monte no han impedido recuperar 150 piezas, entre estelas y fragmentos de ellas. Su decoración es muy característica: dos líneas incisas se cruzan formando un motivo cruciforme. Los enterramientos se realizaban tras la incineración en un pequeño receptáculo cubierto por un túmulo sobre el que se colocaban las estelas.
El resto de los materiales rescatados en Berreaga son pobres, apenas fragmentos que nunca llegarán a un museo, pero muy explícitos para determinar la edad del asentamiento. La cerámica celtibérica convivió con las técnicas locales de menor calidad, pero hasta los pobladores de Berreaga también llegó la terra sigillata de los romanos.

(Ondare Babesa)